Por Frei Betto
[singlepic id=251 w=320 h=240 float=left]Sócrates fue condenado a muerte por herejía, como Jesús. Le acusaron de enseñar nuevos dioses a los jóvenes. Tal iluminación no le abrió los ojos delante del cielo sino de la Tierra. Comprendió que no se podía deducir del Olimpo una ética para los humanos. Los dioses del Olimpo podían explicar el origen de las cosas pero no dictar normas de conducta.
La mitología, repleta de ejemplos nada edificantes, obligó a los griegos a buscar en la razón los principios normativos de nuestra buena convivencia social. La promiscuidad reinante en el Olimpo, objeto de creencia, no podía traducirse en actitudes; de ese modo la razón conquistó autonomía ante la religión. En busca de valores capaces de normatizar la convivencia humana, Sócrates se fijó en nuestra caja de Pandora: la razón.
Si la moral no procede de los dioses, entonces somos nosotros, seres racionales, quienes debemos crearla. En Antígona, pieza teatral de Sófocles, en nombre de las razones de Estado, Creonte prohibió a Antígona enterrar a su hermano Polinice. Ella se negó a obedecer ³leyes no escritas inmutables, que no datan de hoy ni de ayer, que nadie sabe cuándo aparecieron². Fue la afirmación de la conciencia sobre la ley, de la ciudadanía sobre el Estado. Sigue leyendo

