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Girón – Recuerdos de un Corresponsal de Guerra

Por: Eduardo Yasells Ferrer

No voy a relatar el curso de las acciones militares por ser el objetivo de este artículo ofrecer al lector algunos recuerdos -entre tantos- de mi misión como corresponsal de guerra en Girón junto al[singlepic id=210 w=353 h=250 float=right] fotógrafo Sergio Canales Selpa, ambos enviados por la revista cubana “Verde Olivo”.

Horas tempranas del lunes 17 de abril de 1961. Vamos en nuestro jeep. Por la Vía Blanca hacia la Ciénaga de Zapata, teatro de las operaciones al sur de la provincia de Matanzas, marchan columnas de camiones y blindados con su carga de soldados del Ejército Rebelde y milicianos vitoreados por el pueblo de los alrededores. Así ocurre también por la carretera central hasta Jovellanos y de aquí a Jagüey Grande, donde la población civil organizada por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) ayuda con los suministros de alimentos y la asistencia a los heridos, así como denunciando  a los contrarrevolucionarios, lo mismo que sucede en tantos poblados cercanos y aun distantes del frente de guerra.

Encontramos en la casa de la administración del central azucarero “Australia” al Comandante en Jefe Fidel Castro, quien en el puesto de mando instalado allí organiza sobre un mapa de la zona de operaciones el cerco al enemigo y transmite órdenes, o moviéndose a grandes pasos por el corredor recibe a las baterías de antiaéreos, morteros y cañones y a la infantería, indicándoles las posiciones que deben ocupar.

Uno de los vecinos evacuados del poblado de carboneros y pescadores, Soplillar, le dice: “Han asesinado a nuestras mujeres y niños”, -refiriéndose a los aviones de la brigada invasora y su respuesta es rápida: “¡Ahora viene el desquite, compañero!”.

Van los bisoños artilleros antiaéreos a tomar puntos clave a lo largo de la carretera a Playa Larga, la única vía de acceso a Girón por este lado de la Ciénaga de Zapata. Soplillar y Pálpite están en posesión de fuerzas revolucionarias al medio día. Qué trágico cuadro presenta el segundo, calcinado por el bombardeo de los invasores; en una casa lo único que pude identificar es una máquina de coser retorcida por el fuego.

Llueven los obuses al atardecer durante la noche sobre el entronque de las vías de Playa Larga y el Australia ocupado horas antes por el enemigo, que al amanecer del 18 abandona las armas y el parque, cundido por el pánico.

¿Riesgos personales corridos por los dos corresponsales? Los dos más peligrosos el 17: [singlepic id=212 w=300 h=200 float=right]el paso rasante de un B’26 vomitando su ametralladora 50 que podemos sortear por una vuelta de timón de Canales para salir de la carretera impactada por los proyectiles; más tarde un fragmento de bala de cañón perfora nuestra goma de repuesto. Después Canales sabe de boca del hombre que disparó, que el jeep se le escapó del punto de mira por unos centímetros. Sigue leyendo