Archivo de la categoría: Me acuerdo cuando…

Recuerdos, Testimonios y Memorias de los Periodistas jubilados escritos por ellos mismos

Gracias por tu presencia, Víctor Joaquín

Por: Rosario Fernández  – Delegación de Periodistas Jubilados en La Habana

Con verdadero gusto leí la información de las estudiantes de periodismo que participaron en el encuentro con nuestro Víctor Joaquín Ortega, en el ya tradicional espacio  “Aquí estamos” de la  Delegación  de Periodistas Jubilados de La Habana. Las autoras de la reseña fueron Amanda y Patricia.

Quien escribe esta nota, no tan aficionada al deporte como otros colegas presentes, pudo conocer mejor a ese Víctor, activo no sólo en la esfera  deportiva. Estando entre mis colegas esa tarde descubri que se ocupó con la misma pasión de asuntos vitales para èl:  reseñando un evento deportivo  o escribiendo uno de sus varios libros.

Pero, Víctor Joaquín Ortega es aún y aquí  uno de tantos  defensores eternos de las transformaciones humanas que vivimos vivos y él continua alzando su voz en defensa de los principios de nuestra sociedad, que transformò desde las raíces  la vida de nuestro pueblo.

Allí, en el encuentro compartían con el decano, especialistas del tema, algún vecino, contando anécdotas, o  el propio Lázaro Betancourt, ese corredor campeón quien sorprendió al periodista deportivo con  la entrega de una hermosa foto guardada durante años.

Víctor, contaron otros, procede de una familia de floreciente economía en la Cuba prerevolucionaria, mas é, asumió con pasión nuestro proceso, a pesar de contradicciones con sus más cercanos.

Hoy que ya cuentas lagunas dècadas de tu entrega a la Revolución Cubana y a su movimiento deportivo Sigue leyendo

Así conocí a FIDEL – Recordando el primer año de su partida

Por:  Alicia Pineda – Delegación de Periodistas Jubilados en La Habana – Cuba

Allí lloré y me sentí orgullosa de ser cubana y fidelista

Soy del grupo de estudiantes de la UH que tuvimos el privilegio de hablar noche tras noche con Fidel, durante un periodo de tiempo, que hoy evoco.

Fidel habla en el Palacio Presidencial 26 octubre 1959

El 26 de octubre de 1959, en el acto frente al Palacio Presidencial estaba con mi entrañable amiga María Rosa Garcini en la terraza norte del Palacio  muy cerquita de Fidel, el Che, Camilo y sus padres, Dorticós y su esposa, y muchos otros compañeros.
Cuando Fidel comenzó a hablar convocó a los obreros, a los campesinos, a los estudiantes, a armarnos para defender la revolución. Y no titubeamos. Al final del acto partimos hacia la colina. Cerca de la oficina de la FEU firmamos en una libreta y ya fuimos milicianos.El periódico Revolución reporta el encuentro sostenido la víspera por elComandante en Jefe Fidel Castro en la Universidad de La Habana con estudiantes que recibían adiestramiento militar. Los jóvenes integrantes de las milicias le entregan el uniforme del batallón universitario y el líder de la Revolución les promete que los llevará al Pico Turquino para hacer allí entrenamiento junto con campesinos.
Después venía Fidel todas las noches y entre otras muchas cosas nos  explicaba que la guerra había terminado pero la lucha recién comenzaba contra un gigante poderoso. Y que esta lucha se conquistaba con el filo del machete,  como dijo el Titán de Bronce.
Unos días después nos pidieron las medidas para hacernos los uniformes.  Pasados unos días, el 27 de noviembre, bajábamos por la calle San Lázaro vestidos con el rojo-vino de la FEU, la boina negra y el buho sapiente como El periódico Revolución reporta el encuentro sostenido la víspera por elComandante en Jefe Fidel Castro en la Universidad de La Habana con estudiantes que recibían adiestramiento militar. Los jóvenes integrantes de las milicias le entregan el uniforme del batallón universitario y el líder de la Revolución les promete que los llevará al Pico Turquino para hacer allí entrenamiento junto con campesinos.distintivo, sólo que ahora estaba sentado  encima de un montón de libros y llevaba un fusil bajo el ala.
En ese desfile de 1959 honramos a los estudiantes de Medicina fusilados en 1871, con el orgullo de empuñar un arma en defensa de la Revolución  de Fidel. Fue  el primer desfile armado que se produjo en la capital después del 1 de Enero.
Al poco tiempo, en una de aquellas visitas a la colina, prometió hacer un viaje con nosotros a la Sierra Maestra. Nuestra alegría fue indescriptible.
El 1 de Enero de 1960, acompañados de Fidel, más de 300 estudiantes universitarios, partimos hacia la Sierra.
En horas de la tarde de ese día nos agrupamos en la Plaza Cadenas, hoy Ignacio Agramante y de allí salimos rumbo a la Terminal de ferrocarriles. Muchos de nuestros padres nos acompañaban en ese recorrido pues una buena parte de nosotros no nos habíamos separado nunca de ellos. Antes de llegar a la Terminal  pasamos junto al Palacio Presidencial, donde el líder de la Revolución asistía a una recepción que ofrecía al periodista Herbert Mathews, aquel que desmintió que Fidel había muerto en la Sierra. A un costado de Palacio y gritamos a todo pulmón Fidel, Fidel, Fidel, para que el Comandante se asomara. Por una de las ventanas se presentó vestido con uniforme de gala y agitando un sombrero de Yarey, y nos dijo que lo esperáramos en la Terminal de trenes.
Al llegar allá, una larga fila de vagones estaban ya dispuestos para trasladarnos. ¡A mi me parecía que soñaba! Sigue leyendo

Cuentos de Viejos

Nunca me ha gustado replicarme. Y como la realidad de los ancianos permanece en un escenario de telenovela reprisada, consideré no aburrir a mis amigos y conocidos con mis cuentos protagonizados por ancianos. Continúo escribiéndolos, pero solo les enviaré aquellos en que crea colocar un punto de vista mas pegado a la realidad de estos
días. Gracias por resistirme.

Ilse Bulit – Periodista de la Delegación de Periodistas Jubilados en La Habana – Cuba

El juego de la latica  versus  Celular

Le llegó el barullo en esa nube protectora que baja los niveles del sonido en los oídos ancianos. Abandonó su rincón favorito en el patio y a paso de bastón buscó a la hija. Estaba junto al marido en el rincón favorito de ellos, en la cocina. Ella, acongojada, preparaba un jugo natural, posible receptor del agua salada de las próximas lágrimas. Él, enfurecido, sentía el crepitante latir del corazón, en anuncio de una posible visita al cardiólogo. La llegada del “bisa”, así quedó bautizado por la popularidad de una telenovela brasileña de la temporada veraniega, les frenó la conversación. Los querían todos en la familia y lo respetaban; aunque en algunos nietos y todos los bisnietos, se sentía mirado como al Morro, aceptado en su papel histórico de representante de la ciudad, pero ya desvanecidos su luz guiadora de navegantes, ante las tecnologías vigentes.

El pedido de un buchito de café, logró calmarles los ánimos. Por complacerlo, solo por él, decidieron darle trabajo a la cafetera china. Mientras esperaban la colada, saltó el último capítulo de los normales dramas familiares, causante del ruido desproporcionado en un hogar de gentes civilizadas.

El nieto del medio, o sea, su bisnieto, el de los nueve años, estaba encaprichado en un celular-animadocelular de verdad y lo reclamaba a gritos en pago de su paso triunfante al tercer grado con las mejores notas del aula. Y demostrando un admirable sentido de la justicia, preguntaba el porqué tenía un celular con lucecitas, el más irrespetuoso y mal estudiante esa aula. Lo peor vino después, cuando el padre bajó a nivel de primaria sus conocimientos sobre la economía mundial y explicó las diferencias entre los países desarrollados y no desarrollados. Entonces, el estudioso y por seguro, pichón de analista de información, le ripostó que en la TV cubana había visto a niñitos indígenas con celulares. Noqueado el padre y en la edad de los infartos peligrosos, bufando abandonó la discusión y el pequeño cerró los libros en huelga de estudios, por lo menos por ese día. Y ellos, par de ancianos todavía con influencia entre los hijos y nietos, escarbaban en los posibles argumentos que convencieran al niño porque ya lo del celular implicaba aparte de la inversión monetaria, ciertas consideraciones éticas.

El irritado abuelo calmado por el café, expuso una idea. Seguro la apoyaría el bisabuelo, quien se entretendría también en la niñez con aquel juego. En la infancia de ambos, el teléfono fijo escaseaba en ciudades y campos.

Le contarían como ellos se divertían durante horas. Buscaría dos laticas y el cable. Un niño con latica a cada lado del cable extendido y jugarían a las llamadas telefónicas, unidas a “rin rin” vocales o hechos repiqueteando otra lata.

telefono-de-latica-meuciEl bisabuelo observó asombrado al anciano. El calor sofocante le obstruía la conexión de las células cerebrales o un brote de Alzheimer lo tomaba por sorpresa.

Si le planteaba el juego del teléfono de latica al pequeño operario de computadora, perdería el respeto de todos los habitantes de la casa, inclusive él, un cercano nonagenario del siglo XXI.

10 de septiembre de 2016

Todavía sirven los viejos

Por Ilse Bulit – Delegación de Periodistas Jubilados en La Habana

Este era el último café del día. Lo aceptaba la pareja y lo disfrutaba, acomodados en la terraza.  El siletodavia sirven para algo los viejosncio de la casa pronto se vería interrumpido por la llegada de sus otros moradores. Debajo de ellos, una concurrida avenida de la ciudad provocaba ruidos que no les pertenecían, aminorados por la altura del piso ocupado. Era la hora precisa en que les nacían todo tipo de comentarios. El presente, el pasado y el futuro se fundían en un crisol de opiniones disímiles. Se hablaba de lo humano y lo divino al estilo de  un locutor de estirpe en un programa radial o se iba de “palo pá rumba”, dicho traído por el anciano del popular barrio en que se crió. Esa crianza pegada al suelo irregular pisado le diseñó una personalidad pragmática, bien diferente a esta mujer perfeccionista, entregada a la tarea de perfeccionarse ella y sobre todo, perfeccionar a los suyos.
Estaba listo ese preámbulo del verano en que el calor trata  de dominar al aire frío de las tardes y este tiempo le servía a la anciana para dolerse de las barriguitas al aire de esas casi niñas circulantes allá abajo, acompañadas de esos casi niños de cigarros en la boca y un posible derivado del alcohol, asomando la tapa en el bolsillo.
Gracias a Dios, lo recalcaba, sus nietos no eran así y repetía sus cualidades, olvidada de los defectos y que el conocía tan bien como ella pues los habían criados juntos. El seguía a medias las palabras porque en silencio organizaba otras palabras que pronunciaría esa noche a escondidas de ella y de los otros en un primer paso prudente ante una amenaza olfateada en el día anterior.
Había entrado al dormitorio del adolescente mayor en busca de la revista prometida y Sigue leyendo

Vigente la Alfabetización

Por: Manuel Moro Pérez *

[singlepic id=216 w=176 h=250 float=left]Iniciamos con esta publicación la difusión de una serie de trabajos con la participación de protagonistas, cincuenta años atrás, de los antecedentes, organización, desarrollo, culminación, de esta epopeya, sus frutos, tanto para nuestro pueblo como para los de otras naciones.

El enemigo no pudo interrumpir la batalla final para enseñar a leer y a escribir. Fidel había convocado a todo el pueblo. En 1960 lo anunció en la ONU.

Al iniciarse el mes de abril de 1961, denominado Año de la Educación por la obra que en esa esfera se acometía y al unísono con otros planes de desarrollo, inmerso bregaba el pueblo en el fortalecimiento y salvaguarda de la recién lograda definitiva independencia e innumerables conquistas obtenidas en tan corto lapso desde el triunfo de la Revolución en enero de 1959.

Vitales para la formación y subsistencia, esos humanos beneficios que las amplias masas empezaban a disfrutar, vigentes ampliamente, habían sido inalcanzables durante la Metrópoli, la seudorrepública, dictaduras al servicio del imperialismo yanqui y sus más espurios intereses.

En el intento de revertirlo todo, el enemigo incrementaba con saña su escalada: fomento y apoyo de bandas contrarrevolucionarias, sabotajes, instauración de férreo bloqueo de todo tipo que todavía hoy arrecian constantemente; asesinatos; amplias medidas de desinformación; agresiones innumerables en las que se inscribe la mercenaria invasión diseñada para ampliarla con la intervención directa del ejército de EE.UU., que la organizó, entrenó, custodió, y en la que participó su logística y personal.

En ese contexto, encabezada por el Ministerio de Educación, la Comisión Nacional de Alfabetización, novedosa estructura que logró lo orientado por Fidel para la conjunción de la acción decisiva de la población, la integrábamos, entre otros, delegados en funciones de enlace designados por las organizaciones revolucionarias y de masas, organismos, instituciones, la Central de Trabajadores (CTC), asociaciones, federaciones de estudiantes, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR). Ultimábamos detalles en los consejos de Educación, desde antes creados por el Ministerio de Educación (MINED) y que abarcaban totalmente el archipiélago.

El fin inmediato era garantizar, entre otras tareas de esa Campaña contra la ignorancia, la anunciada y esperada inauguración el 17 de ese mismo mes, del campamento para la capacitación, recreo, avituallamiento, distribución hasta lo más intrincado del país, de la tan eficaz fuerza prevista y convocada por nuestro Comandante en Jefe, para entrar en acción, precisamente en esa etapa, de la ya catalogada por él en 1960 en la ONU “…gran batalla contra el analfabetismo”. Sigue leyendo

Girón – Recuerdos de un Corresponsal de Guerra

Por: Eduardo Yasells Ferrer

No voy a relatar el curso de las acciones militares por ser el objetivo de este artículo ofrecer al lector algunos recuerdos -entre tantos- de mi misión como corresponsal de guerra en Girón junto al[singlepic id=210 w=353 h=250 float=right] fotógrafo Sergio Canales Selpa, ambos enviados por la revista cubana “Verde Olivo”.

Horas tempranas del lunes 17 de abril de 1961. Vamos en nuestro jeep. Por la Vía Blanca hacia la Ciénaga de Zapata, teatro de las operaciones al sur de la provincia de Matanzas, marchan columnas de camiones y blindados con su carga de soldados del Ejército Rebelde y milicianos vitoreados por el pueblo de los alrededores. Así ocurre también por la carretera central hasta Jovellanos y de aquí a Jagüey Grande, donde la población civil organizada por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) ayuda con los suministros de alimentos y la asistencia a los heridos, así como denunciando  a los contrarrevolucionarios, lo mismo que sucede en tantos poblados cercanos y aun distantes del frente de guerra.

Encontramos en la casa de la administración del central azucarero “Australia” al Comandante en Jefe Fidel Castro, quien en el puesto de mando instalado allí organiza sobre un mapa de la zona de operaciones el cerco al enemigo y transmite órdenes, o moviéndose a grandes pasos por el corredor recibe a las baterías de antiaéreos, morteros y cañones y a la infantería, indicándoles las posiciones que deben ocupar.

Uno de los vecinos evacuados del poblado de carboneros y pescadores, Soplillar, le dice: “Han asesinado a nuestras mujeres y niños”, -refiriéndose a los aviones de la brigada invasora y su respuesta es rápida: “¡Ahora viene el desquite, compañero!”.

Van los bisoños artilleros antiaéreos a tomar puntos clave a lo largo de la carretera a Playa Larga, la única vía de acceso a Girón por este lado de la Ciénaga de Zapata. Soplillar y Pálpite están en posesión de fuerzas revolucionarias al medio día. Qué trágico cuadro presenta el segundo, calcinado por el bombardeo de los invasores; en una casa lo único que pude identificar es una máquina de coser retorcida por el fuego.

Llueven los obuses al atardecer durante la noche sobre el entronque de las vías de Playa Larga y el Australia ocupado horas antes por el enemigo, que al amanecer del 18 abandona las armas y el parque, cundido por el pánico.

¿Riesgos personales corridos por los dos corresponsales? Los dos más peligrosos el 17: [singlepic id=212 w=300 h=200 float=right]el paso rasante de un B’26 vomitando su ametralladora 50 que podemos sortear por una vuelta de timón de Canales para salir de la carretera impactada por los proyectiles; más tarde un fragmento de bala de cañón perfora nuestra goma de repuesto. Después Canales sabe de boca del hombre que disparó, que el jeep se le escapó del punto de mira por unos centímetros. Sigue leyendo

El viejo Ocaña y el ridículo que no hice

Por:  Santiago Cardosa Arias

Entre los periodistas y fotógrafos del “Sierra Maestra”, de Santiago de Cuba, que siempre he admirado, estaba el “Viejo” Ernesto Ocaña, quien con su inseparable cámara un día me acompañaba por varios lugares de la ciudad. Mi admiración por él no sólo era por su profesionalismo y modestia, sino porque también sabía que fue de los pocos periodistas que acudieron al Moncada durante el asalto en julio de 1953.
Un mediodía íbamos rumbo al motel Versalles, cuando una grande valla situada en lo alto de una colina llamó mi atención: “SALVE UNA VIDA. MANEJE CON CUIDADO”, y firmaba “Bartolomé No Sé qué”. Claro, estaba el nombre completo, y eso despertó mi curiosidad de visitante, pues comúnmente ese tipo de propaganda suele hacerla un organismo estatal y no una persona.
Pedí a Ocaña que le tirada una foto, con la intención de incluirla en una serie de crónicas que estaba haciendo.
–Yo te la hago –me dijo–. Y me aclaró: –Aquí, en Santiago, muchos tienen el criterio de que ese tal Bartolomé es un irónico, por no decir un cínico. El es el dueño de una funeraria. Sería el único caso de un comerciante que hace propaganda en contra de su negocio.
Debo decir que Ocaña dejó a mi elección si con esa crónica quería hacer o no el ridículo. Preferí guardar aquellas notas para si algún día decidía hacerlas públicas, aunque no fuera precisamente en la crónica que pensé entonces.

LO QUE NO QUIERO OLVIDAR

Por José Prado Lavallós

Aun el sol no calentaba aquella mañana de febrero del año 1950, cuando pasé frente a la entrada del hospital “Calixto García“. [singlepic id=192 w=171 h=331 float=right]La temperatura ambiente resultaba lo suficientemente fría para cualquiera que hubiera estado expuesta durante varias horas a la brisa de la madrugada. Eso pensaba mientras me detuve a mirar a una viejecita que se cubría con una chaqueta raída y desteñida , y que a su lado tenía lo que podría ser un cuerpo humano tapado con una vieja sobrecama de “chenille”.

Tanto me llamó la atención, que aunque iba apurado me acerqué a la viejecita para ver si podía ayudarla en algo. Lo hice, y nunca más podría olvidar aquel episodio, que entonces era muy común y hoy podría parecer exagerado, sobre todo a los más jóvenes en nuestro país.

La señora había salido de Guantánamo desde hacía dos días, con el esposo muy enfermo. Allá le habían recomendado que lo trajera para La Habana, pues en Guantánamo no tenía solución su caso. Ella no encontró una cama para ingesarlo, pero los empleados le recomendaron que no se fuera, que pronto dos camas quedarían vacías, pues los enfermos estaban muriendo. Sigue leyendo

Maestros Voluntarios – ANTECEDENTES DE LA ALFABETIZACIÓN

Por Magali García Moré (codirectora del Campamento Alfredo Gómez. I Contingente)

Realmente yo era graduada en la Escuela Normal para Maestros de La Habana (en 1956), cuando Fidel llamó a los maestros sin aulas a ocupar las que se crearon al inicio mismo de la Revolución-mayo de 1959, cumpliendo así uno de los compromisos plasmados en su alegato durante el juicio luego del asalto al cuartel Moncada, conocido como La Historia me absolverá.
No me resultó nada difícil dar aquel paso conociendo[singlepic id=190 w=320 h=240 float=left] la enorme necesidad de crear aulas para terminar con la ignorancia de siglos, que mantenía atenazado a este país a una situación de calamidad social. En mayo de 1959 salí con un grupo de compañeras y compañeros a ocupar las primeras aulas rurales creadas por la Revolución.
Constituimos un Departamento, que funcionó en el entonces Ministerio de Defensa, y que fue creado originalmente en el II Frente Oriental Frank País y con el cual se pudo iniciar la alfabetización  de las tropas y de la población residente en las zonas liberadas. El DATMCC reunía maestros, técnicos agrícolas y de otros oficios, así como algunos médicos, que pudieron realizar un trabajo de orientación social, técnica, material y cultural al campesinado. Nunca más el campesino y su familia volverían a estar desamparados.
Como integrante de uno de aquellos grupos me enviaron a la zona de Cruce de los Baños, donde más tarde surgió el municipio Tercer Frente, y que había sido asiento de las tropas del Comandante Juan Almeida Bosque durante la guerra de liberación.
Como las transformaciones en el país tenían lugar a la velocidad de la luz, allí solo tuvimos tiempo de sembrar la primera semilla de lo que luego sería una sin igual campaña de alfabetización.
Un día pedí incorporarme al Primer Contingente de Maestros Voluntarios, movimiento al que convocó el Comandante en Jefe, y cuya organización fue confiada a Jorge Manfugás Lavigne, compañero al que admiramos profundamente y que dirigía el SATMCC (el Departamento pasó a Sección al formar parte del INRA). Sigue leyendo

El trabajo más difícil de mi vida

Por: Emilia E. Betancourt
La orden de José Luis Robaina, director de Radio Reloj, fue apremiante: [singlepic id=127 w=180=100 float=left]
“Ahora mismo te vas para la Plaza a hacer entrevistas”: El pueblo conmovido, rendía tributo a las víctimas del sabotaje al DC-8 de Cubana de Aviación, ocurrido el 6 de octubre de 1976 frente a la costa de Barbados.
Pero la Tragedia, como siempre, golpeó entonces a algunos más que a otros. Inesita era la prima de Camagüey. Entró en nuestra familia con apenas dos años de edad, cuando su mamá contrajo matrimonio con uno de mis tíos. [singlepic id=124 w=200 h=100 float=right]Pepe, un vecinito travieso y simpático, asumía con mucha seriedad su papel de casi hermano mayor cuando me acompañaba a la escuela. Inés Luaces Sánchez integraba el Equipo Juvenil de Esgrima que conquistó la totalidad de las medallas de oro disputadas en el Campeonato Centroamericano y del Caribe celebrado en Caracas. José Pestana González era uno de los trabajadores de Cubana que viajaban como pasajeros. Sigue leyendo

Me acuerdo cuando la fiebre porcina…

Por Emilia Betancourt Mesa

Hace 38 años, la prensa cubana demostró su poder de movilización en la batalla que habría de desarrollarse para enfrentar la fiebre porcina africana, [singlepic id=156 w=150 h=96 float=right]una enfermedad mortal detectada en cerdos de la provincia de La Habana que hasta aquel momento era desconocida, no solamente en Cuba, sino en todo el hemisferio occidental.
Las autoridades cubanas advirtieron al mundo que nuestro país era víctima de una agresión biológica del gobierno de Estados Unidos, entonces bajo la presidencia de Richard Nixon, con George Bush –padre- director de la CIA. Transcurría el mes de junio de 1971.
Como reportera de Radio Reloj presencié las reuniones que, a altas horas de la madrugada, tuvieron lugar en el Comité Provincial del Partido presidido por José Ramón Machado Ventura, entonces  primer secretario del territorio que hoy integran las dos provincias habaneras.
Radicaba allí un Estado Mayor para lo que devino guerra contra el tiempo, pues había que impedir que el virus, contagioso y agresivo, capaz de matar en 72 horas, se [singlepic id=157 w=220 h=144 float=left]propagara a las provincias vecinas.
En un gran mapa mural, el dirigente partidista iba reflejando, día a día, la información que permitió estrechar cada vez más el cerco hasta garantizar la victoria. Hubo que sacrificar e incinerar más de medio millón de cerdos, lo que eliminó drásticamente la masa porcina en las zonas afectadas –algunas en Pinar del Río- pero se salvó el resto del país.

Y ME HICE PERIODISTA

Por:  José Prado Laballós

Pienso que mi interés por el periodismo surgió cuando yo contaba solo nueve años de edad, y por las calles de Guantánamo “voceaba” el periódico “Adelante”, que creo que se editaba en Camagüey, así como las revistas “Bohemia” y “Carteles”.

Años después, cuando estudiaba en la Escuela Normal para Maestros de La Habana (1938-42) elaboraba un periodiquito mecanografiado donde contaba incidentes divertidos que habían tenido como protagonistas a estudiantes del aula.

Ya graduado de maestro, cuando comencé a laborar en una escuela estatal de La Habana (1946) fundé con los alumnos de sexto grado un “periódico”
con informaciones escolares que un padre nos reproducía en mimeógrafo y yo era el editorialista. Los distribuíamos entre estudiantes y maestros de varias escuelas cercanas.

No fue hasta 1950 que pude ingresar en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling”, donde además de recibir las clases teóricas, imprimíamos un tabloide semanal con todas las secciones de los periódicos de entonces. Me costó mucho trabajo graduarme (1954) no solo porque disponía de poco tiempo para estudiar, sino porque a los profesores, que eran muy competentes en general, no les interesaba que se graduaran muchos periodistas, que después podrían ser sus competidores.

La censura establecida por la tiranía de Fulgencio Batista impidió que ejerciera la profesión. Sólo después de 1959 pude hacerlo sistemáticamente. Por cierto, los primeros 26 años lo hice en Prensa Latina y Radio Habana Cuba, que como sabemos, transmiten para el exterior. Por eso, hasta que en los últimos cinco años de mi vida laboral ejercí el periodismo en Trabajadores, era más conocido fuera que dentro de Cuba.

El “entierro” del Diario de la Marina

Por: José Prado Lavallós

 El pasado 12 de mayo se cumplieron 50 años de un singular acto relacionado con nuestra profesión: “el entierro simbólico de El Diario de la Marina”  durante una concentración popular de más de 100 000 personas en la  escalinata universitaria y sus alrededores.

 Fundado en el siglo XIX por una reaccionaria familia española, era una  especie de vocero del gran capital y por ser defensor de todas las  causas impopulares se granjeó el odio del pueblo. Una de sus más  abyectas publicaciones fue un editorial en que festejaba la muerte en combate de Antonio Maceo. Se decía entonces que El Diario de la Marina era el único mal que había durado más de 100 años.

 Después del triunfo de la Revolución mantuvo la misma línea editorial y publicaba en sus páginas comentarios y noticias contra las leyes de beneficio popular. Como no podían oponerse a esa publicación, los trabajadores del periódico, mayoritariamente revolucionarios, inventaron la (coletilla), nota que colocaban al pie de los comentarios expresando su oposición a lo publicado por la dirección del periódico.

 En los primeros meses de 1960 los dueños de El Diario de la Marina abandonaron el país y sus modernos equipos quedarn en manos de los trabajadores revolucionarios.

CRONICA DE UN MAYO INOLVIDABLE

Por: Lourdes María Serra Otero (Texto y Fotos)

Manzanillo…desde el primer día que bajando por la autopista vi el Golfo de Guacanayabo, quede prendada y aunque en aquel viaje tras la huella de Celia no logre comer lisetas y menos la cabeza, quede enamorada por siempre de tu ciudad. Es el amor de tus gentes, la cordialidad hacia esta incansable caminante y ese sentimiento tan hondo por la heroína de la Sierra y el Llano, lo que me hace volver y cada vez mas sentirme como parte de tus aguerridos habitantes.
Pero ese día fue muy especial para mi, asistí al Primero de Mayo, y pude sentir la Revolución latir en tus calles confirmándole su apoyo al Comandante, a la Revolución y luchando por la liberación de los Cinco Heroes.
Entonces mi alma de cronista grafico no pudo resistir la tentación de mostrarle al mundo eso que en palabras sería muy difícil de explicar, eso que se llama Manzanillo en Revolución.
Sirva esto como un pequeño homenaje a nuestro Comandante quién siempre está junto a su pueblo; a Celia, quien me enseño a querer a los Manzanilleros desde su ejemplo, y siempre continua viva entre nosotros. 
Este 1ro de Mayo habrá nuevamente un desfile de pueblo, y se reafirmará una vez más el apoyo incondicional al socialismo y demostrando al mundo que este pueblo ni se rinde ni se vende.
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Celia y sus desvelos periodísticos

El Blog La Esponja y Cubaperiodistas.cu destacan en el trigésimo aniversario de su muerte, el apoyo que ella brindó a los periodistas y al trabajo de la prensa revolucionaria. Siempre fue una aliada con quien contar.[singlepic id=136 w=320 h=240 float=right]

Por Modesto González

En la memoria de los cubanos viven  sus recuerdos, su tradición que va pasando de una generación a otra  y sus hechos  que ya son leyenda.
Ella es la heroína de la Sierra Maestra, de las costas, de la clandestinidad en Manzanillo, Niquero y Media Luna.
Genuina expresión de la mujer cubana, que junto a Fidel y Raúl participó en la guerra de liberación hasta sus últimas consecuencias. Después,  a partir del triunfo sobre la tiranía, permanecerá durante 21 años de trabajo incesante, en la primera fila de las transformaciones revolucionarias, unida con Fidel en la vanguardia del trabajo creativo y del pensamiento más avanzado.
El Blog La Esponja  y Cubaperiodistas.cu destaca en este once de enero, trigésimo aniversario de su muerte, el apoyo que ella brindó a los periodistas y al trabajo de la prensa revolucionaria. Siempre fue una aliada con quien contar.
Desde la  lejana etapa en que  comenzaron a llegar corresponsales extranjeros y cubanos a reportar que la guerrilla alzada en la Sierra Maestra existía y que estaba en condiciones de llevar adelante la guerra revolucionaria, Celia desempeñó numerosas tareas que hicieron viable las conversaciones de los periodistas con Fidel y los hombres de la guerrilla. Al empezar a  atender   en la Sierra Maestra los asuntos de Fidel, ella tomó conciencia del valor que tenían los documentos y los papeles con cartas o mensajes que se cursaban entre el Comandante en Jefe y sus combatientes y con los miembros del Movimiento 26 de Julio, o con oficiales del  Ejército de Batista. Los periodistas que escriben sobre la historia, agradecerán eternamente la conservación, el cuidado y la organización que le dio ella a esos papeles, que hoy constituyen una fuente fidedigna de nuestro proceso revolucionario.
Cuando comenzó a funcionar  Radio Rebelde, su apoyo fue importante para la buena marcha de la emisora de onda corta. Ella  atendió  acuciosamente  que llegara a tiempo la información necesaria para los noticieros. Se preocupaba por las   condiciones de vida de los locutores y técnicos; y  que se mantuvieran cerca del   Comandante en Jefe,  de modo que en medio de los azares de la guerra no se perdiera la comunicación entre ellos.
Con la Revolución en el poder, en las redacciones de Revolución, Granma, Juventud Rebelde,  Bohemia  y otras publicaciones, hablaban de Celia como la amiga, la  madrina, el mejor  apoyo en la comunicación con el Comandante en Jefe. En la historia de esos medios de prensa sus visitas, conversaciones y acciones eran hechos que no se olvidan. En Granma recordamos que ella visitaba el periódico cuando se estaba preparando e imprimiendo, ya caída la noche, y con frecuencia permanecía hasta  la madrugada. En muchas ocasiones se formaba una peña  de actualidad con Jesús Montané, Celia Sánchez, Manuel Piñeiro, Jorge E. Mendoza (director de Granma) y otros amigos, que conversaban  sobre las noticias  importantes, las cuestiones que más preocupaban a Fidel y acerca de sus orientaciones,  que ellos dominaban con propiedad. También analizaban  asuntos que en aquel momento incidían en la opinión pública.
Celia se interesaba por los problemas que afectaban al personal de la redacción y a los obreros de la rotativa y apoyaba cualquier medida que fuera en  solución de sus problemas. Conocía las necesidades de equipos que tenían los fotorreporteros, y cuando se podía disponer de recursos, tomaba en cuenta las necesidades de Granma y   de otros órganos de prensa, para resolverlos por la misma vía. Los gases de plomo de los linotipos de los periódicos, perjudicaban a trabajadores que podían resultar intoxicados, razón por la cual ella se preocupaba de que no faltara la leche en las cafeterías, que pudiera aportar un efecto desintoxicante. Y, desde luego, se interesaba para que la posta médica prestara la mayor atención al que se afectara.
Sería interminable relatar todos los lazos que unieron a Celia con la prensa. Nunca la olvidaremos con su brújula fidelista, siempre en el rumbo correcto. Ella es parte de nuestra memoria colectiva, vive en el recuerdo y el corazón de los trabajadores de la prensa escrita, radial y televisiva, en la memoria de los jubilados de la UPEC.

Me acuerdo cuando… me inicié como periodista estudiando el Bachillerato…

Por: León Choy Loo (nació 23 de septiembre de 1936)

[singlepic id=74 w=215 h=173 float=left]Cursaba el cuarto año del antiguo bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Marianao, hoy Manolito Aguiar… El periódico se titulaba “Conciencia” y mi cargo era la crítica de películas, principalmente del oeste americano, ya saben, John Wayne y Roy Rogers y, del otro lado del Atlántico, en Cineccita, filmes de la exuberante Silvana Mángano y de los galanes Vittorio Gassman y Marcello Mastroianni, entre otros.

Recuerdo que el conocido veterano periodista Elio E. Constantín, me alentaba desde aquella época, años 50, pues éramos vecinos. El laboraba como reportero en la revista “Carteles” y otras publicaciones, y a la sazón yo le cambiaba su pago de esa revista, los cheques casi siempre por la suma de 15 pesos, pues él era cliente además del negocio de mi padre.

Al graduarme de los estudios de Contabilidad laboré brevemente en la zona de Sandino, Pinar del Río. Posteriormente estudié las carreras Profesoral de Historia del nivel secundario superior y de Periodismo, ambas en la Universidad de La Habana.

Laboré en el periódico Granma y la Agencia de Información Nacional donde me jubilé en 1996,  pero… no me retiré; continué en el sector en Radio Ciudad de La Habana, la COCO y hoy día en el rotativo Kwong Wah Po, órgano informativo del Casino Chung Wah, Centro Principal de la Comunidad China en Cuba.
Colaboré con la revista del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los pueblos, la agencia noticiosa XINHUA y la revista de la Asociación Culinaria de la República de Cuba, entre otras publicaciones. Poseo la Distinción Félix Elmuza.

El primer Paso… de Magda Martínez

Me inicié como profesional del periodismo en la revista Bohemia. Como toda novata llegué cargada de excesivos sueños y poca experiencia práctica.
En la redacción se produjo mi iniciación, pero allí, como en todas las redacciones, todo iba y venía como hervidero constante, donde parecía faltar tiempo y dedicación para una recién graduada. Sigue leyendo