La paz como objetivo de la inteligencia

Por: Manuel E. Yepe – Periodista – Delegación Periodistas Jubilados en La Habana – Cuba
Fuente: Tomado de ARGENPRESS.info – http://www.argenpress.info/2015/02/la-paz-como-objetivo-de-la-inteligencia.html
Palomas de la PAZPor las condiciones materiales superiores al resto de las naciones con que concluyó la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos tuvo la posibilidad de
situarse al frente de un mundo de paz y justicia, verdaderamente globalizado y solidario. Pero las desmedidas ambiciones hegemónicas de la élite estadounidense de poder provocaron que se desperdiciara aquella coyuntura histórica y que los demás países del orbe perdieran la perspectiva de alcanzar esta utopía.
Si en vez de pretender el dominio total del planeta Estados Unidos hubiera
propiciado la creación de un sistema de relaciones internacionales
democrático y justo, podría haber compensado ante la historia una enorme
deuda moral por los crímenes que su tenebrosa política exterior ha llevado
a cabo desde los años finales del Siglo XIX, cuando la nación
norteamericana asumió un carácter imperialista.
Al término de la Segunda Guerra Mundial, la élite de poder estadounidense
pretendió dominar al mundo entero por la fuerza de su monopolio del arma
atómica y desató a tal fin una peligrosísima carrera armamentista que aún
tiene al planeta sentado sobre gigantescos barriles de pólvora y ojivas
nucleares.
Modeló a base de imposiciones y tropelías un orden global injusto y
desigual que ya no puede sostener sino por la fuerza de las armas. Ya sólo
en el terreno militar es la cabeza del mundo y por eso anda promoviendo
guerras preventivas, ocupaciones de países, bombardeos selectivos,
desestabilización de gobiernos y constantes agresiones armadas, entre otras
fechorías de las que no puede ser culpado el pueblo de esa nación que, como
todos, ansía la paz.
Un gigantesco aparato mundial para la manipulación de los medios en Estados
Unidos y globalmente, distribuye el “punto de vista estadounidense” por
todo el planeta, creando las condiciones para que la opinión pública
mundial “acepte” sus fechorías. Con esos formidables recursos de
desinformación Estados Unidos pregona al mundo sus bonanzas, libertades,
igualdades y sentimientos humanitarios. Se yergue en custodio y juez de los
derechos civiles y políticos de los ciudadanos en los países del Tercer
Mundo, mientras los pisotea cruelmente en su propio país y muy
especialmente en los países contra los cuales libra o financia guerras que,
en última instancia, tienen como propósito despojar de sus recursos
naturales a las naciones agredidas.
La sistemática manipulación de los medios de comunicación en beneficio de
los intereses del complejo militar-industrial de que son objeto los
sistemas judicial, penitenciario y político en los Estados Unidos,
contrasta con la presunción de objetividad con que sus representantes
pretenden que se les reconozca como enjuiciadores del respeto a estos
derechos en todo el mundo.
A partir de los aún no aclarados acontecimientos del 11 de septiembre de
2001 – que ya muchos historiadores incluyen entre los pretextos que Estados
Unidos ha fabricado antes para todas sus guerras (Maine, Lusitania, Pearl
Harbor, Golfo de Tonkin y muchos más) – se ha multiplicado en Estados
Unidos el número de personas que en ese país han visto cercenados sus
derechos civiles y políticos por motivos que nada tienen que ver con faltas
reales sino con aspectos relacionados con su filiación política, el color
de su piel, su procedencia social o su condición migratoria.
Un precario balance de fuerzas en el mundo bipolar que vivió la humanidad
después de la segunda guerra mundial evitó que el imperialismo
estadounidense impusiera su hegemonía absoluta por todo el mundo a partir
del chantaje nuclear que planteara con los bombardeos genocidas sobre
Hiroshima y Nagasaki.
El capitalismo neoliberal, con su proclamación del mercado y no el ser
humano como eje absoluto del funcionamiento de la sociedad, ha multiplicado
la miseria y ampliado las desigualdades a escala universal.
Generador constante de crisis, el orden capitalista se vale de las
asimetrías que provoca para descargar los calamitosos efectos de éstas
sobre los trabajadores y las personas humildes del planeta.
Para controlar los recursos energéticos del planeta se utilizan, con
absoluto irrespeto a la inteligencia humana, absurdos pretextos de lucha
contra las drogas, el terrorismo, o supuestas violaciones de los derechos
humanos, y se denigran aquellas naciones cuyos gobiernos no se someten
incondicionalmente al dictado imperialista.
Hoy se invierten recursos financieros cada vez más cuantiosos en la
creación de nuevas tecnologías de guerra y armas de destrucción masiva, sin
que exista la menor justificación defensiva para ello en las condiciones
del mundo de posguerra fría.
La Humanidad tiene hoy cultura y experiencia suficientes como para rechazar
la idea de que la paz deba ser impuesta por las guerras. La paz puede y
debe ser un objetivo consciente de la inteligencia y la solidaridad humanas.
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