ASEADORAS Y DOMÉSTICAS EN EXTINCIÓN

Si la oferta  de trabajo es siempre escasa, la demanda de empleadas domésticas aumenta

Por:  Frei Betto

Si usted todavía dispone de aseadora, cocinera o/y lavandera, considérese un privilegiado. Se trata de una categoría en extinción.

Las políticas sociales del gobierno de Lula, implementadas también por la presidenta Dilma, reducen cada vez más el número de esa clase de trabajadoras que se mantienen en la intimidad de nuestras familias. Datos del  IBGE indican que el Brasil cuenta hoy con 6 millones de trabajadoras domésticas, que mueven  unos US$ 17 mil millones al año. Por ser escasas y muy buscadas, entre el 2002 y 2011 la entrada media de dicha categoría creció un 43.5 % por encima de la inflación, cuando el promedio de la entrada de las demás categorías subió un 25 %.

Sólo un 28 % de las domésticas tienen contrato firmado. Reciben un promedio de US$  203 por mes, lo que equivale al 80 % del salario mínimo. Las que no tienen contrato firmado representan el 72 % de dichas profesionales y reciben solamente US$  141 al mes.

Debido a las leyes que condenan el trabajo de los niños hay un  progresivo “envejecimiento” de las trabajadoras domésticas. En los últimos años su edad media pasó de 35 a 39 años.

Pero esta categoría se encuentra en extinción. Disminuye la nueva generación capaz de reponer la actual mano de obra doméstica. Incluso en las regiones más pobres del país las niñas tienen ahora acceso a la escolaridad y prefieren otras actividades profesionales.

El número de trabajadoras en la enseñanza media casi se duplicó entre los años 2002 y 2011, pasando del 12.7 al 23.3 %. A pesar de esos niveles todavía muy bajos, la proporción de empleadas que han hecho cursos de técnico o superior creció el 85 %, saltando del 0.7 al 1.3 %. Si la oferta  de trabajo es siempre escasa, la demanda de empleadas domésticas aumenta. De ahí el progresivo aumento de sus salarios y de las condiciones obtenidas por las domésticas.

Por ser una actividad prácticamente invisible, atomizada por las condiciones de trabajo, se hace difícil organizar sindicatos o asociaciones de trabajadoras domésticas, lo cual se refleja en la precariedad de sus derechos.

La discriminación tiene su fundamento en la misma Constitución Federal, donde a ellas les es negada la plena ciudadanía. El artículo 7 asegura a todos los trabajadores un total de 34 derechos fundamentales. Mientras tanto, el párrafo único de dicho artículo garantiza a las trabajadoras domésticas apenas 10 de esos derechos.

Ellas están excluidas de protecciones básicas como días feriados remunerados, el 13° mes, seguro de desempleo, seguro contra accidentes, horas extras y límite máximo de la jornada  de trabajo.
Algunos de esos derechos han sido garantizados por la legislación infraconstitucional. Pero, con todo y eso, se da resistencia al proyecto de enmienda constitucional, que propone excluir de la Carta Magna el párrafo discriminatorio. Los opositores a la  enmienda alegan que eso vendría a encarecer el trabajo doméstico, argumento similar al de los esclavistas que se oponían a la abolición de la esclavitud.

Frei Betto es escritor, autor de la novela histórica “Minas del oro”, entre otros libros.

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