Lo que se va y cuanto despunta

Por: Elsa Claro – Delegación de Periodistas Jubilados en La Habana

Al finalizar un año y a comienzos del nuevo, como sucede ahora, en general se aquietan ánimos levantiscos y se borran o atenúan  desavenencias. La cortesía de las más antiguas costumbres, la emoción de que se traspasa una nueva etapa, obran en el individuo mejores deseos y allí donde existen conflictos también surge cierta esperanza de que al menos van a disminuir las malas contingencias si no logran un cierre positivo.

El 2012, pese a los más sanos deseos, no logra tener un rostro simpático. El asunto es que no solo se trata de la crisis económica y los anuncios ya citados sobre un empeoramiento de la crisis y sus malos efectos. Académicos y otros analistas citan como problema el deterioro y el bajo nivel de los organismos internacionales y el escaso poder para dilucidar situaciones que tienen.

Partiendo de la ONU y concluyendo por diversos convenios menores, estas instituciones, concebidas para evitar o solucionar disyuntivas, como aquellos que tomaron demasiado auge en los últimos meses, -incluyendo la bestialidad en Libia, no se olvide-   no cumplen con su cometido.

Sin embargo, pocas veces en la historia humana ha sido más necesario contar con estructuras capaces de lograr los objetivos que dieron pie a la creación de esas entidades. El deterioro de las instituciones mundiales coincide en el tiempo con la ya citada crisis global y también con lo que parece se encamina a destruir otros pactos como el que suscriben 27 países europeos.

Me refiero al Pacto Comunitario del Viejo Continente. Entre los analistas se comenta que es alto el riesgo de que se desmiembre esa alianza o, en el mejor de los casos, que permanezca, pero con escasas atribuciones. Nadie se atreve a dar seguridad de que el euro sobreviva a las actuales presiones. Le quieren culpar de la delicada situación que atraviesan las naciones que tienen esa divisa común.

Esa propaganda proviene de quien no desea para nada que la suya, tenga esa competencia o concluya pereciendo por falta de valor real. Porque Estados Unidos tiene una super deuda que se acerca al trillón de dólares. Cifra inimaginable que puede ascender en los meses que ya comenzaron su andadura.

Le acompaña, de una u otra forma,  el Reino Unido, que no entró nunca en el euro y le hace el juego a Washington lo mismo en materia bélica que en política monetaria, aunque en esta oportunidad, si no sopesan bien sus emprendimientos pudieran salir mal de la experiencia.

Este asunto monetarista tiene una sucia y tenebrosa historia que se relaciona con el escándalo y desmoralización  de Dominique  Strauss Khan.

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