EL HISTORICO CINISMO IMPERIALISTA

Por:  José Prado Laballós Miembro de la Delegación de Periodistas Jubilados en La Habana

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El presidente norteamericano, Barack Obama, anunció recientemente que Estados Unidos se retira de Iraq y que lo hace “con la cabeza en alto”, es decir, con satisfacción y orgullo.

¿De qué siente satisfacción, de los cien mil o más civiles muertos por los soldados estadounidenses? ¿De los cinco mil jóvenes norteamericanos que regresaron de la guerra en ataúdes? ¿O de los enormes destrozos causados en ese país árabe?.

Nadie puede olvidar que esa guerra, iniciada hace una década por el entonces presidente, George W. Bush, se libró sobre la mentira de que Iraq poseía armas de destrucción masiva.

A nadie deben extrañar las declaraciones de Obama. La mentira, el cinismo, la prepotencia, la hipocresía, la intromisión en los asuntos internos de otros países y la guerra han sido las características fundamentales de la política exterior de Estados Unidos desde su constitución en república, en 1776.

No había transcurrido una década de ese acontecimiento cuando en 1785 uno de los fundadores que después fue presidente, John Quincy Adams, proclamó la llamada Doctrina del Destino Manifiesto, según la cual Estados Unidos “había sido escogido por la Providencia para dirigir el mundo”.

En 1845, durante un debate en el Congreso norteamericano entre los senadores Abraham Lincoln y Stephen Douglas, este último afirmó: “Nuestro destino es poseer a Cuba, y es una locura discutir esa cuestión”.

Cuarenta años más tarde el entonces presidente Cleveland le advertía a Inglaterra “Hoy Estados Unidos es prácticamente soberano en todo el continente americano” Y en 1897 el influyente senador Albert Beveridge declaraba olímpicamente: “Dios ha escogido a Estados Unidos para conducir finalmente al mundo a su regeneración”.

Al año siguiente, a punto de invadir a Cuba, el presidente William McKinley anunciaba públicamente: “Estados Unidos necesita una guerra”. Y con el pretexto de colaborar con los patriotas cubanos que luchaban por independizarse de España consumó la intervención. La perfidia del gobierno norteamericano en esa guerra queda nítidamente reflejada en el mensaje que el Secretario de la Guerra estadounidense, Brekenridge, le envió al jefe de las tropas invasoras, donde le orientaba emplear a los cubanos en las misiones más peligrosas y apoyar alternativamente a cubanos y españoles para que se diezmaran entre sí y “después de esa limpieza étnica, apoderarnos de la Perla de las Antillas”.

Concluida aquella intervención militar con la ocupación de varios territorios coloniales españoles declaraba eufórico el presidente McKinley: “Filipinas, como Cuba y Puerto Rico nos han sido otorgados por la guerra con la ayuda de Dios y en nombre del progreso de la humanidad”.

Al asumir la presidencia de Estados Unidos en 1890 parió Teodoro Roosevelt la llamada Política del Gran Garrote, al anunciar sus relaciones con los países latinoamericanos: “Habla dulcemente y esgrime un gran garrote, que así llegarás lejos”. Tres años después daba una nueva muestra de su cinismo al explicar: “Me apoderé del Canal de Panamá y dejé que el Congreso se entretuviera discutiendo esa cuestión”.

No menos cínico fue el Secretario de Estado Elliot Root cuando en 1908 afirmó: “La intervención de Estados Unidos en América Central está justificada cada vez que peligren allí nuestros intereses económicos”.

Parecía que se produciría un cambio positivo en la agresiva política exterior norteamericana cuando en 1912 el presidente William Howard Taft criticó la política del Gran Garrote y anunció que sustituiría las balas por lo dólares. Sin embargo durante su mandato Estados Unidos intervino militarmente en México, Nicaragua, Haití, República Dominicana, Cuba, Honduras y Guatemala.

En 1960 el Presidente Lindon Jonson decía: “Estados Unidos debe aportar su propia concepción a todos, tanto a ricos como a pobres, estén o no de acuerdo con nosotros, cualquiera que sea su raza o color”.

Y al iniciarse el siglo XXI el Presidente George W. Bush les decía a los oficiales de las Fuerzas Armadas norteamericanas: “Ustedes deben estar preparados para intervenir sorpresiva y preventivamente en 60 o más oscuros rincones del mundo”. Poco después agredía militarmente a Afganistán e Iraq. Y ya bajo la presidencia de Barack Obama, en el año 2011 intervenía en Libia y amenazaba a Siria e Irán con nuevas guerras genocidas como la librada contra el pueblo vietnamita en las décadas de los años 60 y 70.

Esa es, a grandes rasgos, la “diplomacia” y la “democracia” de los imperialistas norteamericanos.

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