Resiliencia o el arte de la Adaptabilidad

Profesor Alberto Quirantes Hernández *

Habitualmente las personas logran adaptarse con el tiempo a situaciones dramáticas acaecidas en sus vidas y desencadenantes de fuertes estreses emocionales.[singlepic id=246 w=288 h=216 float=right]

Para esto es necesario desarrollar resiliencia, o lo que es lo mismo, capacidad de adaptación para remontar adversidades traídas por la propia existencia, como puede ser una inesperada frustración amorosa; serias dificultades familiares, laborales o personales; graves problemas de salud o financieros, o cualquier otro evento de fuerte y desagradable impacto emocional.

Sin embargo, la resiliencia también se puede aprender a través del tiempo, del esfuerzo y del compromiso personal.

Significa “rebotar” de una experiencia difícil, como si uno fuera una pelota de goma o un muelle. Mientras más rápido y alto se rebote, tanto mejor para la persona.

Esto no significa insensibilidad o falta de emociones angustiosas, comunes en quienes han experimentado grandes adversidades, desengaños o frustraciones.

La resiliencia no es innata en todos los seres humanos. Múltiples factores componen esta capacidad. Consiste en reflexiones, acciones y conductas aprendidas y que a cualquiera le es posible poner en práctica.

Uno de los factores esenciales es el apoyo familiar basado en el cariño, la confianza, el ejemplo y el consejo apaciguador, discreto y oportuno de las personas más queridas en el entorno.

Resulta muy conveniente no exagerar la magnitud del problema, mantenerlo en límites bien establecidos. Aun cuando haya que enfrentarse a eventos muy dolorosos se debe evitar agrandarlos fuera de su proporción.

Es necesario a veces “hacer de tripas corazón”, con una visión positiva de sí mismo, desarrollando destrezas en la comunicación y en la solución de problemas.

Es muy importante la capacidad para manejar inteligentemente y con pleno control las sensaciones angustiosas y los impulsos fuertes.

Deben establecerse y renovarse relaciones sociales, políticas o religiosas, tratando de ayudar a otros, también necesitados de apoyo y comprensión.

Se debe mirar más allá del presente y nunca sufrir por el pasado, pensando como las cosas mejorarán en el futuro.

Si como resultado de una situación adversa ya no es posible alcanzar ciertas metas, se deben aceptar las circunstancias que no hay como cambiar y enfocarse en aquellas susceptibles de modificaciones positivas.

Pueden emprenderse pasos, aunque sea modestos, hacia los fines propuestos y lo que es posible lograr; ayudan a caminar en la dirección a la cual se quiere ir.

Hay que tratar siempre de resolver los problemas con acciones, en vez de ignorarlos. Es necesario cultivar una visión positiva de sí mismo, pues desarrollando la confianza en la propia capacidad para solucionar los problemas, se ayuda a construir la resiliencia, tratando de visualizar lo deseado en vez de preocuparse por aquello temido o sufrido.

La meditación y las prácticas espirituales o religiosas ayudan a muchas personas a restaurar la esperanza y la fe en el futuro. Una visión de optimismo realista permite buscar y recibir las cosas buenas de la vida.

Por último, se debe mantener el cuidado de sí mismo atendiendo necesidades y deseos, participando en actividades relajantes, manteniendo una alimentación saludable y practicando ejercicios regularmente.

Porque, cuidándose se ayuda a mantener la mente y el cuerpo listos para enfrentarse a situaciones necesitadas de resiliencia.

  • Profesor de Medicina y Jefe del Servicio de Endocrinología

Hospital Docente Dr. Salvador Allende.

La Habana, Cuba

E.mail: alberto.quirantes@infomed.sld.cu

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