Diabetes – Los viajes y los pies

Por: Profesor Alberto Quirantes Hernández *

Fuente: http://www.cubahora.cu/database/noticia/2010-10-27/1038644/

Durante el viaje de un diabético no hay razón para abandonar la costumbre de examinarse los pies.

Una persona, por ser diabética, no está impedida de viajar y puede hacerlo a donde lo [singlepic id=243 w=308 h=250 float=right] desee, incluyendo otros países. Pero, si en su vida habitual necesita prestarle mucha atención a sus pies, antes y durante un viaje debe dedicarles cuidados especiales.

Esta enfermedad, sobre todo cuando no ha habido un adecuado control metabólico, con el tiempo puede dañar los nervios y vasos sanguíneos de miembros inferiores, que en determinados casos no recibirían suficiente cantidad de sangre y oxígeno. También pudiera perderse la sensibilidad en los pies y es posible que no se perciba la molestia de una cortadura, una ampolla o una lesión ulcerada, cuya curación sería más difícil.

Un viaje puede significar largos paseos por calles desconocidas, caminar por las arenas de una playa, participar en eventos científicos, políticos o de negocios, y muchas otras actividades que conlleven pasar bastante tiempo en posición bípeda. Esto puede incrementar el riesgo de problemas en los pies.

NO PUEDE FALTAR

En el equipaje se debe llevar dos o tres pares de zapatos cómodos, que calcen apropiadamente, para poder cambiarlos con frecuencia, como forma de prevenir las ampollas y puntos de presión dolorosos. Los zapatos de vestir o de tacón alto, solo utilizarlos cuando sea necesario.

Se debe incluir varios pares de calcetines acolchados, preferentemente de color blanco, para proteger los puntos de presión que pudieran causar problemas. Deben estar hechos de fibras naturales, incluyendo el algodón y la lana, que mantienen la humedad alejada de la piel y protegen los pies contra las infecciones por hongos.

En climas fríos, usar zapatos, botas y calcetines que mantengan una cálida temperatura; tomarse un tiempo para calentar el cuerpo y evitar la permanencia prolongada en exteriores, a bajas temperaturas, a fin de evitar problemas en la circulación de los miembros inferiores.

En los climas cálidos hay que mantener los pies protegidos en todomomento al caminar por piscinas, parques o playas. Caminar descalzo es imprudente, pues aumenta el riesgo de cortaduras y lesiones que pueden causar vidrios rotos, conchas de mar, corales, piedras, cigarros encendidos, etc.

No se debe usar zapatos abiertos, incluyendo sandalias, pues se exponen los dedos y se incrementa el riesgo de heridas y potenciales infecciones.

MANTENER LAS BUENAS COSTUMBRES

Durante el viaje de un diabético no hay razón para abandonar la costumbre de examinarse los pies todos los días y precisar si existen ampollas, cortaduras, enrojecimientos u otras alteraciones. Ante cualquier lesión se debe asistir a un podólogo u otro especialista.

Hay que lavarse los pies diariamente, o cada vez que sea necesario, utilizando un jabón suave y agua tibia, secándolos suave y concienzudamente, incluso entre los dedos.

SIEMPRE PREPARADO

Antes de iniciar un viaje de varios días, semanas o meses, sea de vacaciones o de trabajo, el diabético debe empaquetar sus medicamentos, jeringuillas, o los materiales necesarios para hacerse pruebas, en un equipaje de mano para que no se pierdan, y llevar consigo la identificación de su enfermedad, el tratamiento que mantiene y cualquier otro datos de interés.

No hay que cohibirse de viajar por ser diabético, pero sí tomar siempre las debidas precauciones. Una última e importante recomendación: hágase revisar y atender por su podólogo antes de tomar las maletas y salir de casa.

* Profesor de Medicina y Jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Docente “Dr. Salvador Allende” La Habana, Cuba. E. mail: alberto.quirantes@infomed.sld.cu

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