Vigente la Alfabetización

Por: Manuel Moro Pérez *

[singlepic id=216 w=176 h=250 float=left]Iniciamos con esta publicación la difusión de una serie de trabajos con la participación de protagonistas, cincuenta años atrás, de los antecedentes, organización, desarrollo, culminación, de esta epopeya, sus frutos, tanto para nuestro pueblo como para los de otras naciones.

El enemigo no pudo interrumpir la batalla final para enseñar a leer y a escribir. Fidel había convocado a todo el pueblo. En 1960 lo anunció en la ONU.

Al iniciarse el mes de abril de 1961, denominado Año de la Educación por la obra que en esa esfera se acometía y al unísono con otros planes de desarrollo, inmerso bregaba el pueblo en el fortalecimiento y salvaguarda de la recién lograda definitiva independencia e innumerables conquistas obtenidas en tan corto lapso desde el triunfo de la Revolución en enero de 1959.

Vitales para la formación y subsistencia, esos humanos beneficios que las amplias masas empezaban a disfrutar, vigentes ampliamente, habían sido inalcanzables durante la Metrópoli, la seudorrepública, dictaduras al servicio del imperialismo yanqui y sus más espurios intereses.

En el intento de revertirlo todo, el enemigo incrementaba con saña su escalada: fomento y apoyo de bandas contrarrevolucionarias, sabotajes, instauración de férreo bloqueo de todo tipo que todavía hoy arrecian constantemente; asesinatos; amplias medidas de desinformación; agresiones innumerables en las que se inscribe la mercenaria invasión diseñada para ampliarla con la intervención directa del ejército de EE.UU., que la organizó, entrenó, custodió, y en la que participó su logística y personal.

En ese contexto, encabezada por el Ministerio de Educación, la Comisión Nacional de Alfabetización, novedosa estructura que logró lo orientado por Fidel para la conjunción de la acción decisiva de la población, la integrábamos, entre otros, delegados en funciones de enlace designados por las organizaciones revolucionarias y de masas, organismos, instituciones, la Central de Trabajadores (CTC), asociaciones, federaciones de estudiantes, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR). Ultimábamos detalles en los consejos de Educación, desde antes creados por el Ministerio de Educación (MINED) y que abarcaban totalmente el archipiélago.

El fin inmediato era garantizar, entre otras tareas de esa Campaña contra la ignorancia, la anunciada y esperada inauguración el 17 de ese mismo mes, del campamento para la capacitación, recreo, avituallamiento, distribución hasta lo más intrincado del país, de la tan eficaz fuerza prevista y convocada por nuestro Comandante en Jefe, para entrar en acción, precisamente en esa etapa, de la ya catalogada por él en 1960 en la ONU “…gran batalla contra el analfabetismo”.

El objetivo, cuya génesis está plasmada desde el Programa del Moncada en 1953, en el reinicio de las acciones combativas por la independencia, dio durante la insurrección, sus primeros pasos en las zonas liberadas, e inmediatamente después del triunfo avanzó mucho más.

En febrero de 1961, a educandos que protagonizaban una de las multitudinarias demostraciones de adhesión a nuestro proceso, se dirigió el General de Ejército Raúl Castro Ruz, actualmente primer secretario del Comité Central del Partido y presidente de los Consejos de Estado y de Ministros: “La juventud heroica que ustedes representan tendrá el doble privilegio de participar en esta lucha y recoger los frutos que se han sembrado. Y ustedes, una de esas primeras tareas ya han decidido enfrentarla este año, acudiendo al llamamiento del Primer Ministro a todo el sector estudiantil de nuestro país, para que este año tome en sus manos la batalla del aniquilamiento del analfabetismo”.

La sede escogida para tan magno apresto fue la playa de Varadero, en el norte de la provincia de Matanzas, balneario internacionalmente reconocido por sus magnificencias turísticas, cuyas instalaciones, servicios, y capacidades se ampliaron adecuadamente. Resultó también propósito expreso que antes de partir a los campos, los brigadistas disfrutaran de esas bondades, a las que, al igual que otras instalaciones similares, el Gobierno Revolucionario, en toda la nación, había facilitado el acceso al pueblo.
Compartieron en múltiples programas recreativos, artísticos, de filmes, musicales bailables; paseos marítimos, deportes. Recibían visitas de padres y sus más allegados, posibilitadas por excursiones y otras vías coordinadas con el Instituto Nacional de la Industria Turística; lo que después se extendiera a las regiones donde marcharon a alfabetizar; todos relacionándose y estrechando lazos de amistad con los lugareños, lo que fortalecía la unidad y el intercambio entre cla ciudad y zonas campesinas.

En total 105 664 estudiantes (54 953 hembras y 50 711 varones) integraron allí[singlepic id=217 w=180 h=254 float=right] las Brigadas Conrado Benítez, nombre que honrosamente adoptaran del maestro voluntario que pertenecía a esa otra agrupación creada un año antes y que venía educando en apartados sitios. Conrado Benítez fue vilmente ultimado el 5 de enero de 1961 por bandas terroristas al servicio del Gobierno estadounidense que las aprovisionaba. Además de otros desmanes quisieron abortar la cruzada para enseñar a leer y escribir, cultura general, hábitos medioambientales, sanitarios, formales. Por valles, montañas, en lo urbano, en embarcaciones de pesca, mercantes, etc.; la llevaron a cabo los bisoños a la par con profesores, maestros voluntarios, alfabetizadores populares, brigadas Patria o Muerte, trabajadores de diferentes especialidades y sectores.

Los primeros contingentes de estos adolescentes se aprestaban con el respaldo de sus familias en sus respectivos municipios para partir hacia la anhelada misión, cuando al mismo tiempo los siniestros planes de la cúpula presidencial en la Casa Blanca ponía en marcha la maquinaria de la invasión precedida por la intensificación de acciones con fines de paralización, destrucción de la Revolución, y la ocupación de Cuba.

Entre otros vandálicos hechos, incendiaron y destruyeron en La Habana la más grande tienda por departamentos existente en Cuba, sabotaje en el que murió Fe del Valle, una destacada trabajadora; ametrallaron los aeropuertos de Santiago de Cuba, en el oriente, y Ciudad Libertad, y San Antonio de los Baños, en el occidente, sobrevolaron y masacraron zonas y población también civil. Ocasionaron muertos, heridos, cuantiosos daños materiales, con aviones camuflados con nuestras insignias, práctica condenada en tratados internacionales.

Orquestaron provocar una confusión generalizada en Cuba y en el exterior, y emplearon todos los mecanismos de desinformación, la radio, la TV., prensa escrita, agencias de noticias, foros abyectos como la OEA que responden a sus designios; así como maniobras, intentos de desembarco, etc., para tratar de debilitar nuestras potencialidades.
Aún con este proyectado clima de tensión, no pudieron amedrentar a los flamantes alfabetizadores, ni a sus padres, ni al resto de los participantes empeñados en propagar la luz de la enseñanza.

Y las salidas desde todos los lugares hacia Varadero, donde serían investidos para tan humanitaria labor, no se hicieron esperar. Cumplían su compromiso con la Patria, con lo que precisaba nuestro máximo dirigente en nota oficial: “…cada cubano debe ocupar el puesto que le corresponde en las unidades militares y lugares de trabajo, sin interrumpir la producción ni la Campaña de Alfabetización ni una sola obra revolucionaria. La Patria resistirá a pie firme y serenamente cualquier ataque enemigo, segura de su Victoria. ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!”

No obstante los atentados, ametrallamientos, bombardeos, comenzaron a llegar desde ese mismo día 15 , con el fragor de los combates, los que constituirían el primer contingente de brigadistas para dejar inaugurado, como mucho antes se había anunciado, ese campamento del Ejército de Alfabetizadores, el 17. La víspera había sido proclamado nuestro Socialismo.

La invasión por Bahía de Cochinos no pudo paralizar la redentora batalla de la alfabetización que concibiera y dirigiera Fidel, que como en la de Girón, logró la victoria.
De igual manera respondieron los antecesores brigadistas piloto, que unidos a profesores, maestros voluntarios, y alfabetizadores populares, se encontraban en la Ciénaga de Zapata, seleccionada Zona Especial, al igual que en otras en diferentes provincias, para posteriormente generalizar experiencias en la aplicación de los nuevos textos técnico-pedagógicos y métodos, originados innovadoramente por nuestros catedráticos.

Con igual entrega laboraba allí personal de Salud Pública, de la Construcción, del Instituto Nacional de Reforma Agraria, del Turismo, de las cooperativas carboneras, de la Pesca, y de otras ramas recién incorporadas a la nueva y emancipadora forma de vida que solo a partir de 1959 pudo inscribirse en ese territorio. De una manera u otra cooperaron, formaron parte de las fuerzas que combatieron a los mercenarios criminales de toda calaña.

Pese a las operaciones bélicas relativamente cercanas a Cárdenas, a la Península de Hicacos, en puntos de llegada y salida por ferrocarril y ómnibus, pero donde se tomaron medidas extraordinarias para proteger sus vidas, aquellos primeros brigadistas se sobrepusieron a escaramuzas invasoras, diversionismo ideológico con la utilización de sus medios de información masiva y de todo tipo. Prosiguió el objetivo de impartir el pan de la enseñanza.

Los novicios, enardecidos al conocer de la infamia yanqui y sus lacayos, manifestaban, reclamaban el patriótico derecho de contender armados si fuera necesario. Desde ese mismo enclave, donde se contaba con abastecimientos, servicios médicos y otros medios, fueron suministrados ciertas cantidades y personal como auxilio, sin dejar de asegurarse lo que localmente se requería.

La valentía, decisión, la unidad de sus progenitores en la permanencia de sus vástagos, puso de manifiesto la consciente confianza en nuestro Gobierno; la decisión de resistir a pie firme en ese, y subsiguientes momentos difíciles, hasta el triunfo; como así quedó sellado.

Para la celebración del Día Internacional de los Trabajadores, el primero de mayo, y pese a todos los obstáculos contrarrevolucionarios, la marcha contra el flagelo de la ignorancia continuaba inexorablemente. Nuestra patria socialista exhibía ya sustanciales y significativos logros en la clase obrera, campesina, evidenciando el arribo al mundo del saber; en lo que también intervenía el resto de los sectores de la nueva sociedad, que recientemente había propinado la primera gran derrota del imperialismo en América.

Ahora celebramos el aniversario 50 de esos históricos acontecimientos. En la efeméride del proletariado mundial los educadores, alfabetizadores encabezamos el masivo y solidario desfile en toda Cuba.

* El autor fue uno de los dos delegados de enlace designados por el Movimiento 26 de Julio ante la Comisión Nacional de Alfabetización, desempeñándose en Prensa, Propaganda y Publicaciones.

CONTINUARÁ…

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Un pensamiento en “Vigente la Alfabetización

  1. avatarivis

    es bueno recordar las palabras de nuestro apóstol José Marti…”La bondad es la flor de la fuerza La flor de la amabilidad suele abrirse con abundancia en las personas de corazón fuertes”

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