Instituyen oficialmente religión bantú en Cuba

Por Ismael Tantaw

La religiosidad en Cuba es un tema que atrapa no solo a los estudiosos, nacionales y foráneos, de nuestras raíces, las raíces del cubano, sino a todo hombre que defiende [singlepic id=218 w=113 h=185 float=left]lo que lo identifica como individuo perteneciente a una etnia, a un grupo humano. La que le aportaron sus ancestros.

Me acuerdo de nuestro Poeta Nacional, Nicolás Guillén, quien con sapiencia y corazón nos recuerda en su memorable Balada de los dos abuelos, el blanco y el negro, cada cual con su acervo, su carga cultural, lo que somos hoy gracias a esa combinación que fortalece nuestra esencia espiritual.

Comienzo con estas palabras mi comentario porque me dio pie para hacerlo lo que escuché en la sede de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) cuando un hombre, quizás de poco más de sesenta años, afirmaba “será constituida oficialmente la Asociación Religiosa Bantú de Cuba” o lo que es lo mismo Mpungo Wuari.

Lo dijo con esa euforia que contagia y que provoca la pregunta, la indagación. Quien así se expresaba resultó ser quien sería presidente de la mencionada asociación religiosa, Aldo Durares Román, un cubano sencillo, descendiente bantú, cuya responsabilidad le da la categoría de Tatandy, es decir, de Rey en lengua de esa etnia.

El bantú, segundo grupo en importancia de los cultos de origen africano en Cuba, vivió estrechamente con los de otras etnias, particularmente con los yorubas y lucumíes. Presencia cultural extendida en la comunidad de pueblos del África oriental, central y austral cuyos primeros asentamientos en nuestra Isla tienen lugar a partir de la segunda mitad del siglo dieciocho.

Como religión de origen africano forma parte del amplio espectro de la religiosidad popular generada por hombres y mujeres que siglos atrás fueron traídos como esclavos y pertenecían a la amplia familia africana de los pueblos de lengua bantú.

Estuvimos allí, en la sede de la Casa de África, en La Habana Vieja, donde tuvo lugar el acto constitutivo de la institución o nuevo espacio de participación social al amparo de las regulaciones constitucionales en el que pueden unirse todos los religiosos de origen bantú (paleros, espiritistas, santeros, entre otros) y por qué no, conocer más acerca de nuestro abuelo negro.

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