Archivo por meses: Mayo 2011

Siempre el mismo enemigo

Por Pedro Meluzá López

Un pensamiento cardinal prevalece en los principales forjadores de la independencia cubana, desde Yara en 1868 hasta nuestros días.

En aquellos años del siglo XIX el enemigo era la metrópoli española, aunque ya se vislumbraba que el principal peligro lo constituían Estados Unidos y su entonces en ciernes imperialismo.

Hoy no existe el colonialismo hispano, pero el adversario sigue siendo “el norte revuelto y brutal que nos desprecia”, como lo calificó José Martí.

Fue el Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes, de los primeros en alertarnos acerca de los vecinos sajones, cuando dos años después del inicio de la Guerra de los Diez años señaló que “el secreto” de la política de Estados Unidos “es apoderarse de Cuba”.

En julio de 1896, el Titán de Bronce Antonio Maceo escribía a un coronel mambí amigo: “Tampoco espero nada de los americanos; todo debemos fijarlo en nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.

Más adelante, en ese año le confesaría a un amigo que el triunfo independentista “traería aparejada la felicidad del país, si se alcanza sin la intervención extranjera”.

El “norte revuelto y brutal” del que alertó Martí vuelve a inscribirse, ya en la manigua cubana,  en el testamento político del Héroe Nacional, en mayo de 1895:

“…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber—puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo—de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extienda por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.” Sigue leyendo

En el Centro Histórico de La Habana: México, orquídeas, Habana Radio y “La Luz”

Por Eduardo Yasells
Fotos:  Lourdes M. Serra

La cita inicial de los periodistas jubilados de la delegación Grupo Asesor de la UPEC en el mes de mayo, un mes dedicado a las flores y a las madres, fue en la Casa de México o del Benefactor Benito Juárez, en la esquina de Obrapía y Mercaderes, vivienda colonial del siglo XVIII restaurada e inaugurada en 1988 por la Oficina del Historiador de la Ciudad para divulgar la historia y la cultura de ese país; está ubicada en el denominado por los especialistas “Cinturón de Oro” de La Habana Vieja. [singlepic id=219 w=207 h=259 float=right]

Las colegas eran la gran mayoría, pues con toda intención se les invitó por celebrarse,  el segundo domingo de mayo, el Día de las Madres, instituido en el pasado siglo en Cuba por el periodista Víctor Muñoz Riera (1873-1922).

Tras un desayuno criollo servido a las 9 a.m., la persona dedicada a recibirnos nos mostró en el típico patio interior un gran mural, obra de cinco jóvenes mexicanos que resumieron plásticamente el arte y tradiciones de ese país.

De la planta alta salían voces de niños y niñas, pues a esa hora sesionaba un aula museo con alumnos de una escuela primaria cercana. También en los altos hay salas de exposiciones transitorias de la cultura mexicana de todos los tiempos y la biblioteca Adolfo Reyes.

[singlepic id=221 w=285 h=196 float=left] Feliz coincidencia de nuestra visita con la   inauguración de la Segunda  Exposición Nacional de Orquídeas, en el patio central y las amplias galerías de la Casa, bajo los auspicios de la Oficina del  Historiador de la Ciudad y la Sociedad Botánica de Cuba: una rica variedad de esta flor que con sus colores y perfume rindió también homenaje a las madres presentes, las que tuvieron la oportunidad de participar en una encuesta sobre la especie de su preferencia. Sigue leyendo

Instituyen oficialmente religión bantú en Cuba

Por Ismael Tantaw

La religiosidad en Cuba es un tema que atrapa no solo a los estudiosos, nacionales y foráneos, de nuestras raíces, las raíces del cubano, sino a todo hombre que defiende [singlepic id=218 w=113 h=185 float=left]lo que lo identifica como individuo perteneciente a una etnia, a un grupo humano. La que le aportaron sus ancestros.

Me acuerdo de nuestro Poeta Nacional, Nicolás Guillén, quien con sapiencia y corazón nos recuerda en su memorable Balada de los dos abuelos, el blanco y el negro, cada cual con su acervo, su carga cultural, lo que somos hoy gracias a esa combinación que fortalece nuestra esencia espiritual.

Comienzo con estas palabras mi comentario porque me dio pie para hacerlo lo que escuché en la sede de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) cuando un hombre, quizás de poco más de sesenta años, afirmaba “será constituida oficialmente la Asociación Religiosa Bantú de Cuba” o lo que es lo mismo Mpungo Wuari.

Lo dijo con esa euforia que contagia y que provoca la pregunta, la indagación. Quien así se expresaba resultó ser quien sería presidente de la mencionada asociación religiosa, Aldo Durares Román, un cubano sencillo, descendiente bantú, cuya responsabilidad le da la categoría de Tatandy, es decir, de Rey en lengua de esa etnia.

El bantú, segundo grupo en importancia de los cultos de origen africano en Cuba, vivió estrechamente con los de otras etnias, particularmente con los yorubas y lucumíes. Presencia cultural extendida en la comunidad de pueblos del África oriental, central y austral cuyos primeros asentamientos en nuestra Isla tienen lugar a partir de la segunda mitad del siglo dieciocho.

Como religión de origen africano forma parte del amplio espectro de la religiosidad popular generada por hombres y mujeres que siglos atrás fueron traídos como esclavos y pertenecían a la amplia familia africana de los pueblos de lengua bantú.

Estuvimos allí, en la sede de la Casa de África, en La Habana Vieja, donde tuvo lugar el acto constitutivo de la institución o nuevo espacio de participación social al amparo de las regulaciones constitucionales en el que pueden unirse todos los religiosos de origen bantú (paleros, espiritistas, santeros, entre otros) y por qué no, conocer más acerca de nuestro abuelo negro.

Vigente la Alfabetización

Por: Manuel Moro Pérez *

[singlepic id=216 w=176 h=250 float=left]Iniciamos con esta publicación la difusión de una serie de trabajos con la participación de protagonistas, cincuenta años atrás, de los antecedentes, organización, desarrollo, culminación, de esta epopeya, sus frutos, tanto para nuestro pueblo como para los de otras naciones.

El enemigo no pudo interrumpir la batalla final para enseñar a leer y a escribir. Fidel había convocado a todo el pueblo. En 1960 lo anunció en la ONU.

Al iniciarse el mes de abril de 1961, denominado Año de la Educación por la obra que en esa esfera se acometía y al unísono con otros planes de desarrollo, inmerso bregaba el pueblo en el fortalecimiento y salvaguarda de la recién lograda definitiva independencia e innumerables conquistas obtenidas en tan corto lapso desde el triunfo de la Revolución en enero de 1959.

Vitales para la formación y subsistencia, esos humanos beneficios que las amplias masas empezaban a disfrutar, vigentes ampliamente, habían sido inalcanzables durante la Metrópoli, la seudorrepública, dictaduras al servicio del imperialismo yanqui y sus más espurios intereses.

En el intento de revertirlo todo, el enemigo incrementaba con saña su escalada: fomento y apoyo de bandas contrarrevolucionarias, sabotajes, instauración de férreo bloqueo de todo tipo que todavía hoy arrecian constantemente; asesinatos; amplias medidas de desinformación; agresiones innumerables en las que se inscribe la mercenaria invasión diseñada para ampliarla con la intervención directa del ejército de EE.UU., que la organizó, entrenó, custodió, y en la que participó su logística y personal.

En ese contexto, encabezada por el Ministerio de Educación, la Comisión Nacional de Alfabetización, novedosa estructura que logró lo orientado por Fidel para la conjunción de la acción decisiva de la población, la integrábamos, entre otros, delegados en funciones de enlace designados por las organizaciones revolucionarias y de masas, organismos, instituciones, la Central de Trabajadores (CTC), asociaciones, federaciones de estudiantes, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR). Ultimábamos detalles en los consejos de Educación, desde antes creados por el Ministerio de Educación (MINED) y que abarcaban totalmente el archipiélago.

El fin inmediato era garantizar, entre otras tareas de esa Campaña contra la ignorancia, la anunciada y esperada inauguración el 17 de ese mismo mes, del campamento para la capacitación, recreo, avituallamiento, distribución hasta lo más intrincado del país, de la tan eficaz fuerza prevista y convocada por nuestro Comandante en Jefe, para entrar en acción, precisamente en esa etapa, de la ya catalogada por él en 1960 en la ONU “…gran batalla contra el analfabetismo”. Sigue leyendo