VI Congreso del PCC. Hacer el socialismo ajustado a las condiciones de cuba libre y soberana

Por Eduardo Yasells Grupo Asesor UPEC

[singlepic id=214 w=160 h=180 float=left] Apenas concluida la vistosa revista militar y el desfile popular en la Plaza de la Revolución de La Habana por el L aniversario de la  proclamación del carácter socialista de la Revolución el 16 de abril de 1961 por Fidel Castro, sesionó el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, el cual culminó el 19, efeméride  de la victoria de Playa Girón.

Fueron aprobados el Informe Central de Raúl Castro, los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución sobre el perfeccionamiento de los Órganos del Poder Popular, el Sistema Electoral y la División Política Administrativa.

El informe presentado por Raúl Castro en la apertura del encuentro respondió a las expectativas de los congresistas y de la población: fue transparente, crítico y autocrítico desde su posición de Segundo Secretario del Partido en ese momento. Hay que modificar la mentalidad atada a dogmas y criterios obsoletos -orientó- ; hay que eliminar las trabas que atenacen el desarrollo de las fuerzas productivas.

Tras la elección de los 115 integrantes del Comité Central, este se constituyó en plenario y eligió a los quince miembros de su Buró Político, encabezado por Raúl como Primer Secretario, y el Secretariado, órgano auxiliar.

La mayoría de los delegados e invitados al Congreso no había nacido cuando hace medio siglo se proclamó el socialismo en Cuba y miles de soldados, policías y milicianos lo defendieron a sangre y fuego y derrotaron en 66 horas, en las arenas de Playa Girón, a la brigada invasora lanzada por la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA). Ahora es en el frente de la economía donde el país debe librar la batalla principal por ser estratégica para la seguridad nacional y corresponde esencialmente a la juventud asumir esta tarea que no es de horas ni de días, sino de años.

Ciertamente el VI Congreso comenzó antes de que sus mil delegados e invitados se reunieran en el Palacio de Convenciones de La Habana. Desde diciembre del 2010, los Lineamientos fueron debatidos y enriquecidos democráticamente por los militantes en sus organizaciones de base del Partido y de la Unión de Jóvenes Comunistas; luego por los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular, y por la población en general en asambleas de centros laborales y de estudio, así como en las comunidades residenciales (en las que participaron también los comunistas de esos colectivos); después por los delegados e invitados al Congreso, en plenarias provinciales a partir de análisis territoriales. Se acierta al decir que el proceso masivo de análisis y proposiciones constituye un referendo popular para mejorar el socialismo cubano.

Todas las proposiciones fueron recogidas sin exclusiones; las hechas por los delegados tuvieron en cuenta la consulta popular. Prueba de ello es que el 68 por ciento de los Lineamientos fueron reformulados en concordancia con la necesidad y la urgencia de introducir cambios estratégicos en el funcionamiento de la economía con el propósito de hacer sostenible e irreversible el socialismo en Cuba. Se es consecuente con el pensamiento de Fidel de que Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado.

No se trata de volver atrás, sino de seguir adelante; no retrotraer el pasado capitalista y la pérdida de la soberanía, sino hacer el socialismo ajustado a las condiciones de Cuba libre y soberana. De modo progresivo se introducirán cambios estructurales y de concepto en el modelo económico cubano. El VI Congreso del Partido trazó en principio el rumbo de la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes.

La “ausencia” de Fidel en el Comité Central quedó más que esclarecida. Tomamos del diario “Granma” dos párrafos de sus reflexiones fechadas el 18 de abril bajo el título de “Mi ausencia en el C.C.”: Conocía el informe del compañero Raúl al VI Congreso del Partido. Me lo había mostrado varios días antes por su propia iniciativa, como hizo con otros muchos asuntos sin que yo lo solicitara, porque había delegado, como ya expliqué, todos mis cargos en el Partido y el Estado en la Proclama  del 31 de julio de 2006. (…) Raúl conocía que yo no aceptaría en la actualidad cargo alguno en el Partido; él había sido siempre quien me calificaba de Primer Secretario y Comandante en Jefe, funciones que, como se conoce, delegué en la proclama señalada cuando   enfermé gravemente. Nunca intenté ni podía físicamente ejercerlas, aun cuando había recuperado considerablemente capacidad de analizar y escribir. Sin embargo, él nunca dejó de transmitirnos las ideas que proyectaba.

[singlepic id=215 w=150 h=150 float=right] En la clausura  del Congreso estaba Fidel. Raúl enfatizó en el discurso: “Fidel es Fidel y no precisa de cargo alguno para ocupar, por siempre, un lugar cimero en la historia, en el presente y en el futuro de la nación cubana. Mientras tenga fuerzas para hacerlo, y afortunadamente se encuentra en plenitud de su pensamiento político, desde su modesta condición de militante del Partido y soldado de las ideas, continuará aportando a la lucha revolucionaria y a los propósitos más nobles de la Humanidad”.

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