La Huella de los Andaluces (I)

“LA ANDALUZA”

Por Alberto Pozo – Ilustración Blanquito
El hecho de ser Palos de Moguer, puerto de Andalucía, el punto de partida de Cristóbal Colón para su [singlepic id=180 w=443 h=400 float=right]viaje hacia los países de las especias, permitió a los andaluces mostrar una temprana ventaja numérica en la expedición.
Por tanto, en los inicios de la presencia española en Cuba, constituyeron el primer grupo de inmigrantes durante todo el siglo XVI, con más de la tercera parte de los expedicionarios.
Pero si agregáramos todo el sur y centro de España (Extremadura, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja y León), en cifras redondas alcanza el 80 por ciento. Nos podemos percatar que la España periférica (gallegos, asturianos, vascos, catalanes) apenas está presente en los primeros tiempos del Descubrimiento.
¿Por qué esta  mayoría andaluza? Obedeció a circunstancias históricas. Cuando el proyecto de Cristóbal Colón fue rechazado por la corona portuguesa (1483), el futuro almirante decidió presentarse ante la corte de Francia.Sin embargo, se dirigió primero a Huelva, ciudad de Andalucía, ciudad donde vivía la hermana de su fallecida esposa, para dejarla al cuidado de su hijo, Diego.
A su paso por la villa de Palos se alojó en el convento de la Rábida, donde su prior, Juan Pérez, simpatizó con la idea de Colón de llegar al Asia navegando al oeste. ¡Y dio la casualidad que gozaba de la distinción de la reina Isabel la Católica por haber sido su  confesor!¡Segunda casualidad! Fray Antonio de Marchena, superior de la Orden en Sevilla, simpatizó también con el proyecto de Colón, y su acatado saber influiría en el sí de la reina.
¿Casualidad o conocimiento de Colón de la ascendencia de estos franciscanos? La historia no ha despejado esta incógnita.
Casualidad sí fue que Colón se enamorara de la andaluza Beatriz Enríquez, que le aquietaría la impaciencia de seguir hacia Francia ante las dilaciones de los Reyes Católicos, concentrados en la toma del último reducto de los moros: Granada.
¿Sería el yugo amoroso que le puso Beatriz o se lo colocó el mismo Colón fascinado con esos típicos ojos andaluces… y lo demás de Beatriz? Esta interrogante tampoco ha sido despejada por la historia.
Lo cierto es que estuvo un buen número de años promocionando su proyecto a todo el que quisiera oírlo en toda Andalucía. Al fin, en 1492, lo llamaron los Reyes Católicos a la ciudad de madera que se construyeron frente a Granada: Santa Fe. En esta ciudad, de tan simbólico nombre, se firmaron las capitulaciones que lo invistieron como Almirante de la Mar Océana.
Y Colón –otra recompensa- halló en los marinos andaluces todo el apoyo para su aventura a lo incógnito, a cuyo frente se hallaban hombres tan experimentados como él en la difícil lucha de vérselas con los desconocidos mares: los hermanos Pinzón.
Aunque no está relacionada directamente con el tema que hoy abordamos, es deber justiciero subrayar una faceta de la experiencia de Colón no muy publicitada: ¿Por qué se dirigió primero hacia el Sur, a las Islas Canarias? Porque el Almirante conocía de la corriente marina de Canarias, una especie de carretera marítima hacia el sur que entronca con la gran “autopista” que es la Corriente del Sur, lanzada hacia el oeste, atravesando el Atlántico, entonces mar incógnito, justamente lo que necesitaba para llegar al Asia, sólo que a pesar de su sapiencia, fue sorprendido por la intercepción de la América.
Tres viajes más comandaría y todos saldrían de Andalucía. No era de extrañar que fueran sus marinos los más numerosos en acompañarle.

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