La Huella de los Castellanos (I)

Por Alberto Pozo – Ilustración Blanquito
“Yo entro a la empresa por mi corona de Castilla, y empeñaré [singlepic id=182 w=339 h=400 float=right] mis joyas para levantar los fondos necesarios”. Así respondió Isabel la Católica a su marido, el rey Fernando de Aragón, cuando él se negó a apoyar el proyecto de Cristóbal Colón de llegar al Asia, más propiamente a la tierra de las especias. En realidad, en esos momentos, Fernando centraba su atención en la conquista de Italia.
Pero cuando se efectuaba esa reunión con el futuro Almirante de la Mar Océana, ya había ocurrido un hecho trascendental y peligroso  para la aspirada hegemonía española en el mundo: los portugueses habían llegado al cabo de Buena Esperanza, en el cono sur de África,  y tal conquista les abría el camino a la tierra añorada.
Europa estaba desbancada en esos tiempos, el oro y la plata se les había ido en el pago de las especies a manos infieles. Y es que la pimienta, el clavo, la nuez moscada, el jengibre, la canela… le daban un sentido especial a la alimentación transformando el acto biológico, monótono, en el placer de comer.El acaudalado comerciante, judío converso, influyente cortesano y escribano de los reyes católicos, Luis de Santangel, le sacó partido a aquella espina clavada por los portugueses: “Existe el riesgo de ver a otro soberano reinar sobre las tierras que de seguro Colón alcanzará, y es deber insoslayable extender la fe católica entre los habitantes de esas tierras…” Finalmente se ofreció, en nombre de la burguesía comercial, para sufragar la mayor parte de los gastos del viaje.

Dio así doblemente en el blanco, en el orgullo conquistador de Isabel y en su acérrima fe católica: “¡Empeñaré hasta mis joyas…! ¡El proyecto de Colón va!
Algo quedó claro: es la corona de Castilla la única patrocinadora del viaje que culminaría en el descubrimiento de América: el hecho más trascendental de la historia humana.
Desde luego, ya en lo concreto, la mayoría de los navegantes fueron andaluces, puesto que procedían de los puertos de esa región de donde partió Colón: los Pinzón, los Quintero, el Niño… Sin embargo, la nao “Santa María”  era propiedad y fue comandada por Juan de la Cosa, natural de Santander, el puerto del norte de Castilla.
Desde el punto de vista cuantitativo se tiene la impresión que los castellanos tuvieron mayoría casi absoluta en el descubrimiento y conquista de América; pero no fue así. Lo cierto es que los andaluces y los extremeños dieron un aporte importante. Acudamos a un cuadro estadístico titulado Pasajeros de Indias. Viajes Trasatlánticos en el siglo XVI, José Luis Martínez, Madrid, 1983.

EMIGRACION HISPANICA A AMERICA (1493/1600)
REGION                      TOTAL    POR CIENTO
Andalucía                    20 229          36,9
Extremadura                9 035           16,4
Castilla la Nueva         8 541            15,4
Castilla la Vieja           7 668            14,0

Al sumar las dos Castillas, el porcentaje nos arroja el 29,6%, o sea, el segundo lugar. Andalucía alcanza el primero y Extremadura, el tercero. Lo que también señalan estas cifras es que la gran mayoría de los conquistadores en el siglo XVI procedió del centro y del sur de la península ibérica; 82,9%, pero si se agrega la región de León, comprendida en Castilla la Vieja, el porcentaje asciende al 88,8%, una mayoría abrumadora con respecto a  otras regiones de España que, sin embargo, después ascenderían a primeros planos, como Islas Canarias, Galicia, Asturias y Cataluña. Sin embargo, de modo ilegal llegaba aproximadamente el 50% lo que influye en la inmigración de Castilla, que fue muy alta.

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