La Huella de los Aborígenes

Por Alberto Pozo – Ilustración Blanquito
Las últimas investigaciones plantean que los primeros aborígenes en Cuba llegaron desde la Florida, hace unos 12 mil años, aprovechando la última congelación o glaciación que hizo descender las aguas en no menos de cien metros, en el Caribe, uniendo prácticamente La Florida, Las Bahamas y Cuba. Eran los mismos mongoloides que llegaron a la América por la península de Bering y fueron descendiendo hasta toda la América.[singlepic id=183 w=248 h=330 float=left]
Posteriormente, hace unos 4 mil 500 años, y ya el mar subido a la misma altura de hoy, arribaron a Cuba oleadas del mismo tipo mongoloide desde las hoy Nicaragua, Honduras y Venezuela. Y hacia el año 600 de nuestra era, saltando de isla en isla de las Antillas Menores, hicieron su aparición los taínos, procedentes de la Amazonía. Sus últimas oleadas llegaron apenas unas pocas decenas de años antes de Cristóbal Colón. Primero en Banes, después en Mayarí y posteriormente avanzando hacia el occidente, los taínos fueron, para su desgracia, sorprendidos en 1510 por las huestes conquistadoras de Diego Velázquez.
Se plantea que, más o menos, se extinguieron (eran primitivamente unos 100 mil)  debido al exceso de trabajo a que los sometían los españoles,  a las enfermedades traídas por los invasores, para las cuales no tenían defensa, por los miles de suicidios colectivos debido a que su alma era colectiva y no resistían la separación de su grupo… y a las luchas en pro de su libertad, representadas por el Indio Hatuey, quien vino de La Española para encender la insurrección, el alzamiento por más de diez años del cacique Guamá, finalmente caído en combate en 1533… pero nunca se resignaron a la sumisión y muchos huyeron a los sitios más intrincados de las montañas orientales y crearon sus palenques o sitios de defensa. Y ocurrió algo muy singular: cuando llegaron los grupos de africanos esclavizados, que tampoco se resignaban a su falta de libertad. Se unieron en los palenques indios y continuaron su lucha por la independencia…
Por ello su huella ha quedado vigente. Antonio Núñez Jiménez, en su Geografía de Cuba, hace constar que halló su huella, ya mestizos con negros y españoles, en Banes Baracoa, Caney, Guamá, Jiguaní, Yara, Mayarí, Yateras y otros sitios de nuestra actual provincia de Oriente.
Veamos su herencia en el lenguaje: caney, bohío, hamaca, barbacoa, catauro, ají, ajiaco, vaca… son algunas de las palabras heredadas del habla india.
También los nombres geográficos nos dicen de su huella: Guanahacabibes, Cayaguateje, Ariguanabo, Habaguaney, Guanabacoa, Yateras, todas  nombrando regiones actuales de Cuba.
En cuanto a las comidas, la presencia es actualísima. El ajiaco es nuestro plato nacional: maíz, boniato, yautía (malanga silvestre), carnes de jutía (hutía), almiquí, perro mudo. .. Y el casabe se mantiene vivo: procede de la yuca agria que trajeron los taínos. Y aunque los españoles despectivamente lo calificaron de aserrín, pocos años después del inicio de la Conquista se convirtió en la primera industria de Cuba por su incorruptibilidad de más de un año que venían a buscar los barcos con personal conquistador dirigido hacia el resto del Caribe y de América del Sur, así como los que regresaban  a España, porque así garantizaban el alimento de las tripulaciones.
Se plantea que nada espiritual dejaron. Sin embargo, los behiques (sacerdotes) y caciques empleaban el tabaco para comunicarse con sus espíritus. En las religiones afrocubanas se heredó la fuma, sobre todo en ritos congos. Hoy se estudian otras manifestaciones.
Esta es solo una visión extractada de nuestros primeros habitantes, mestizada con españoles y africanos que contribuyeron a la formación del pueblo cubano.

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