Archivo por meses: Noviembre 2010

La Huella de los Castellanos (I)

Por Alberto Pozo – Ilustración Blanquito
“Yo entro a la empresa por mi corona de Castilla, y empeñaré [singlepic id=182 w=339 h=400 float=right] mis joyas para levantar los fondos necesarios”. Así respondió Isabel la Católica a su marido, el rey Fernando de Aragón, cuando él se negó a apoyar el proyecto de Cristóbal Colón de llegar al Asia, más propiamente a la tierra de las especias. En realidad, en esos momentos, Fernando centraba su atención en la conquista de Italia.
Pero cuando se efectuaba esa reunión con el futuro Almirante de la Mar Océana, ya había ocurrido un hecho trascendental y peligroso  para la aspirada hegemonía española en el mundo: los portugueses habían llegado al cabo de Buena Esperanza, en el cono sur de África,  y tal conquista les abría el camino a la tierra añorada.
Europa estaba desbancada en esos tiempos, el oro y la plata se les había ido en el pago de las especies a manos infieles. Y es que la pimienta, el clavo, la nuez moscada, el jengibre, la canela… le daban un sentido especial a la alimentación transformando el acto biológico, monótono, en el placer de comer. Sigue leyendo

La Huella de los Aborígenes

Por Alberto Pozo – Ilustración Blanquito
Las últimas investigaciones plantean que los primeros aborígenes en Cuba llegaron desde la Florida, hace unos 12 mil años, aprovechando la última congelación o glaciación que hizo descender las aguas en no menos de cien metros, en el Caribe, uniendo prácticamente La Florida, Las Bahamas y Cuba. Eran los mismos mongoloides que llegaron a la América por la península de Bering y fueron descendiendo hasta toda la América.[singlepic id=183 w=248 h=330 float=left]
Posteriormente, hace unos 4 mil 500 años, y ya el mar subido a la misma altura de hoy, arribaron a Cuba oleadas del mismo tipo mongoloide desde las hoy Nicaragua, Honduras y Venezuela. Y hacia el año 600 de nuestra era, saltando de isla en isla de las Antillas Menores, hicieron su aparición los taínos, procedentes de la Amazonía. Sus últimas oleadas llegaron apenas unas pocas decenas de años antes de Cristóbal Colón. Primero en Banes, después en Mayarí y posteriormente avanzando hacia el occidente, los taínos fueron, para su desgracia, sorprendidos en 1510 por las huestes conquistadoras de Diego Velázquez.
Se plantea que, más o menos, se extinguieron (eran primitivamente unos 100 mil)  debido al exceso de trabajo a que los sometían los españoles,  a las enfermedades traídas por los invasores, Sigue leyendo

Nuestro Idioma (I)

Por José Prado Lavallós

El español es nuestro idioma y también el idioma nacional de numerosos países, sobre todo en América Latina. Forma parte de nuestra identidad y es un importante factor de unidad de lo que Martí llamó Nuestra América. Los países, no obstante,vtienen ciertas [singlepic id=173 w=167 h=167 float=right]formas de expresarse, y aún regiones de una misma nación lo hacen de maneras diferentes.

Por otra parte, existen, y siempre han existido, pecualiares maneras de hablar de los jóvenes que no son del dominio de las demás personas.

Linguistas, sociólogos y otros defensores de la pureza del idioma español no se alarman por eso.

No soy un especialista del tema, pero como ejerzo el periodismo desde hace muchos aós, y, por lo tanto, mi instrumento de trabajo es el idioma, tengo opiniones al respecto.

La primera es que el español es un idioma tan rico que siempre se pueden encontrar palabras adecuadas para que todos nos entendamos:

jóvenes y viejos, cubanos o no. Está claro que el idioma es algo vivo y en constante lucha entre el conservadurismo y el creativismo. Los grandes cambios sociales y los prodigiosos avances científicos y técnicos enriquecen y modifican el lenguaje de los pueblos.

Mucho se discute acerca de lo que debe considerarse un leguaje correcto. Para algunos es lo que resulte comunicativo, que cualquiera puede entender. Si un intelectual en la conversación solo emplea palabras que no son de uso común (cultas) no podemos decir que sea incorrecto su lenguaje, pero no lo entenderán sus interlocutores de más bajo nivel cultural. Y lo mismo ocurre a la inversa, cuando se emplean palabras de la jerga popular. (Continuará… en proximas ediciones)

Nuestro Idioma (II)

Por José Prado Lavallós
Regreso a mi primera opinión: ni hiperculto ni populachero. Siempre habrá palabras para expresar ideas de manera comprensible para todos, sin perjuicio de qie maticemos el discurso con expresiones [singlepic id=172 w=212 h=131 float=left]típicas del ambiente en que se desenvuelven los interlocutores. No se trata de que proscribamos el uso de palabras que comenzaron siendo regionalismos y con el tiempo terminaron por imponerse. Lo que considero inaceptable es que a palabras del idioma que existen desde hace mucho tiempo se les atribuya un significado que no tienen. Y eso es lo que está aconteciendo en nuestros medios de comunicación.
Para nadie es un secreto la influencia que ejerce la televisión en el leguaje cotidiano. Basta ver cómo se multiplica el empleo incorrecto de palabras que se escucharon por primera vez en la tv.
Un ejemplo: a alguien se le ocurrió un día decir jornada en lugar de día, que no es igual, y poco después vemos que se emplea con ese significado en todas partes.Una fornada puede tener varios días (Jornada Camilo Che) y un día puede tener más de una jornada (jornada de la mañana, de la tarde, de la noche). En consecuencia hemos escuchado expresiones como las citadas a continuación: “Impresionante jornada de crímenes en Bagdad”,”Felicitaciones a fulano en su jornada de cumpleaños”, en las que el término se usó de manera incorrecta.
Les prometo que continuaremos con notas dirigidas a mejorar el empleo de nuestro rico Idioma.