LA DEMAJAGUA: ALTAR DE LA PATRIA – Monumento Nacional

Por: César Martín García – Fuente Enciclopedia de Manzanillo

La primera referencia que se tiene de este lugar, finca rústica La Demajagua, data de junio de 1843, cuando José Joaquín Palma le vendió a Magín Plá un pequeño trapiche con la acción de la caballería de tierra en el paraje nombrado La Demajagua, perteneciente al cuartón Punta de [singlepic id=132 w=320 h=240 float=left]Piedra en el Partido de Yaribacoa (sitio ubicado entre los ríos Yara y Jibacoa, en la cantidad de cien pesos.  Esas tierras se hallaban en colindancia con el ingenio del comprador. El trapiche pasó de manos de Magín Plá a manos de su hermano José, quien presentó quiebra en 1857. El Licenciado Carlos Manuel de Céspedes representó como abogado a José Plá.  En la reunión de los acreedores, Carlos Izaguirre, representante de Francisco Javier de Céspedes, ofreció diez mil ochocientos pesos por la finca, el trapiche, los cinco esclavos que poseía y todas sus dependencias. José Venecia & Compañía, lo garantizaban, según la escritura pública levantada por el escribano Nicolás Lasso, en Manzanillo, el 3 de Julio de 1857.

Al ser adquirido por Francisco Javier de Céspedes, La Demajagua era un pequeño trapiche de bueyes; éste celebró un contrato de reparación con la Sociedad Mercantil José Venecia & Compañía de manzanillo, donde en dicho contrato el productor se comprometía a vender al refaccionista todas las zafras hasta el año 1862 a los precios y condiciones estipulados en dicho contrato privado que al efecto habían hecho, así como incrementar la dotación de esclavos (adquiriendo 12 en el año1857, 4 en el 1858 y 4 más en el año 1859, de modo que el ingenio llegara a contar con una cantidad de 25 esclavos para realizar el proceso de plantación y producción).  Por su parte Venecia adelantaba a Francisco Javier la mitad de los valores en que ha comprado el referido ingenio y la otra mitad se entregaría en el término de un año y daría dinero necesario para la compra de 10 negros y todo lo demás que pueda necesitar para refaccionar la finca y además una máquina de vapor para la zafra de 1860 y las viviendas (de esta máquina de 30 caballos ingleses son los restos que aparecen aprisionados por el árbol Jagüey y los que están en el lateral y detrás del Museo hoy), para lo que recibía la cantidad de diez mil ochocientos pesos.  Ya para 1860 Francisco Javier de Céspedes había adquirido la máquina de vapor referida, 3 buenos trenes jamaiquinos (Sistema de Calderas que en número de 5 cada una -una tras otra- desde la mayor y hasta la más pequeña llamada tacho- servían para producir el mascabado en el proceso fabril).

[singlepic id=131 w=320 h=240 float=left]En 1858, con sólo 14 esclavos y 16 caballerías de tierra, equivalente a 544 hectáreas, de las cuales solo 3 estaban cultivadas de caña, se alcanzó una producción final de 150  bocoyes de miel o melaza (mascabado). En la próxima zafra, la producción alcanzada superó en un tonel más la anterior: 151, mientras que para la de 1860, ya con la máquina de vapor instalada se logró una producción de 212 barriles, 62 más que en 1858 y 61 más que en 1859, lo cual demuestra la importancia de la introducción de la tecnología en la industria cañera en Cuba y las ventajas que trae desde el punto de vista económico.

El 14 de marzo de 1866 el patricio bayamés Carlos Manuel de Céspedes compró a su hermano Francisco Javier la finca. A estos efectos estableció hipoteca con la firma Venecia Rodríguez & Compañía por escritura pública Nº 10 ante el escribano Don Antonio Figueredo, la que debía pagar en la cantidad de 163.076 escudos (81.538 pesos), y abonar en los plazos que corrían desde el 2 de marzo de 1868 y hasta igual fecha en 1873.

Para seguridad de la compañía financiera Céspedes hipoteca todos sus bienes, inclusos sus establecimientos, sementeras, alambiques, molino y todo cuanto le era y fuese anexado, así como los cincuenta y tres esclavos de la dotación, de los cuales 36 era hombres y 17 mujeres.  En manos de Carlos Manuel la finca mejoró mucho.  De solo tres caballerías de la finca plantadas de caña, en 1867 ya eran 10, es decir que incrementó en 7 el número de caballerías de caña en busca de crecimiento productivo. En ese entonces la finca contaba con 18 caballerías de tierra -desde la hipoteca establecida por Céspedes-; cantidad de tierra equivalente a 2415636 m2.

Otra reforma introducida por Céspedes y posiblemente la más importante fue la de realizar la mayor parte del trabajo de la zafra con obreros asalariados casi en su totalidad; en ocasiones llegaban a 60 los hombres contratados, aunque también laboraron una veintena de esclavos (al parecer Céspedes había liberado al resto de los esclavos para la atención al resto de las fincas y estancias que tenía arrendadas al estado, entre las que cuentan: San Rafael de la Junta, Los Mangos, San Joaquín, Fausto, Limones Arriba y Abajo, entre otros; en donde poseían entre otros bienes y debían atenderse 16 yuntas de bueyes y 742 cerdos.

Otra innovación de Céspedes como industrial azucarero fue transformar el Ingenio en Central, pues para 1867 y siguientes zafras había establecido contratos para molinar en su ingenio las cañas de la finca La Jagüita, propiedad del hacendado Isaías Masó Márquez, ubicada por la parte sur de La Demajagua.

En 1867 la finca aparecía inscrita en el catálogo de los ingenios centrales de Cuba.  La Demajagua, nombre que debe su existencia a la abundancia en la finca del majestuoso árbol Majagua Azul, de gran importancia en la industria del mueble, fue el escenario donde tuvo inicio la primera guerra por la independencia de Cuba y comenzó el proceso de abolición de la esclavitud, en consecuencia, lugar primigenio y fundacional de la nación cubana; por estas razones el sitio se considera como “Templo de la Patria”. Además, aquí se confeccionó el estandarte que simbolizó el levantamiento, la Bandera de la Demajagua, y que se hiciera jurar a las 10 de la mañana del sábado 10 de Octubre de 1868, para luchar hasta alcanzar la libertad de la Patria, levantada por primera vez para convocar a la guerra de los Diez Años.

El 17 de Octubre de 1868, la parte fundamental de la finca: el ingenio, la hacienda y el barracón, fueron destruidos producto de la represalia del gobierno español. El ingenio, de hecho, fue convertido ese día en la primera propiedad cubana destruida durante la Guerra Grande.  A partir de entonces la finca quedó abandonada y en ruinas; luego por muchos años sirvió para pastar ganado.

En 1898 pasó a manos de la firma Godwal Maceo & Compañía. Ya para 1922 le fue construida sobre una tierra cercana al lugar donde otrora estaba la fábrica una vivienda (convertida, en 1968 en la Sala Museo a partir de un proceso de remodelación). La finca cercana a la casa era acogida para establecer sobre ella la corraleta de ordeño del ganado. Además, se fomentó en casi la totalidad de la finca la siembra de caña con fines de realizar negocios agrícolas, hasta que en 1929 fue cedida una parcela para que se construyera un Parque Nacional, justo reclamo del pueblo manzanillero.

En los años siguientes el lugar fue atendido por los Veteranos de la Guerra, por la Asociación de la Guerra, por las Logias, quienes en 1928 erigieron un obelisco en honor al Venerable Maestro “Hortensio”, seudónimo  con que se denominó Céspedes por parte de los miembros de la Logia Masónica “Buena Fe” que en abril de 1868 se constituyó en la ciudad de Manzanillo y lugar donde cobraron valor los planes insurreccionales. Por otra parte, el Grupo Literario de Manzanillo y muchos intelectuales y religiosos cubanos hicieron disímiles actividades en el lugar, tanto en honor al acontecimiento histórico,  como al iniciador, al Padrazo Carlos Manuel de Céspedes.

Aproximadamente en 1957 la finca pasó a manos de Pedro “Pucho” Juan, quien mantuvo la corraleta de ordeño de ganado, pero el área sembrada de caña la convirtió en un gran potrero.  En 1947 había en la finca 25 casas distribuidas a lo largo de la costa del mar y habitadas por campesinos que se dedicaban a los trabajos agrícolas, ganaderos y a la pesca fundamentalmente.  En la zona existían algunas tradiciones entre las que se encontraban: el juego de dominó, se cuenta también que había una enramada debajo de las cuales se ubicaba el Órgano Manzanillero durante dos o tres días, por las noches la enramada era alumbrada con lámparas de carburo. Se realizaban también entre los vecinos las tradicionales Corridas de Cintas.

Al triunfo de la Revolución y hasta 1968, algunos vecinos habitaban parte del lugar donde antes se ubicaba el batey del demolido ingenio de Céspedes; por lo que al decidirse la ejecución del Parque Nacional en el escenario original,  se decidió la construcción de 18 confortables viviendas en un lugar cercano al sitio, pero fuera del declarado para la ejecución del proyecto de arquitectura simbólica de la Revolución y a su vez mejorar el nivel de vida del mismo número de familias que estaban allí asentadas.  Por otra parte, la Comisión Nacional del Centenario creada a los efectos de hacer el Parque Nacional con vista a la fecha conmemorativa a los Cien Años de Lucha, decidió la realización de la obra partiendo del Proyecto Arquitectónico del diseñador y arquitecto Fernando López. Un total de dos meses y nueve días  -desde el 21 de junio al 30 de agosto de 1968- bastaron para realizar, a un ritmo de 10.5 horas diarias, la obra y así mejorar el entorno local.  La construcción del muro, elemento simbólico de la arquitectura revolucionaria, está presente en el Monumento; este muestra a través de los elementos divisorios las provincias que antes poseía el país, además, desde el punto de vista histórico-simbólico, indican las 6 etapas revolucionarias más gloriosas en Cuba durante cien años de lucha , desde el inicio, el 10 de octubre de 1868, fecha de arranque de la única Revolución que ha habido en nuestro país y que aun continúa ininterrumpidamente en este preciso instante.

Toda la obra, indudablemente, mejoró el entorno del lugar a la vez que sirvió para rendir tributo de recordación a los hombres que desde aquí fueron, sobre sus caballos briosos, a la conquista de la libertad, así como la ejecución de las mencionadas viviendas en la cercanía del lugar permitió el fomento de la comunidad llamado hoy día “La Demajagua”, a la que se han unido un importante número de otras viviendas en las que habitan en general 413 personas.

El 10 de octubre de 1968 con la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro fue inaugurada la obra Parque Nacional “La Demajagua” en acto homenaje —velada conmemorativa—, por el centenario del inicio de las luchas independentistas; luego, en igual fecha pero del año 1978, fue declarado de modo oficial Monumento Nacional de la República de Cuba.  El lugar está ubicado a 13 km. de la ciudad de Manzanillo, en la carretera hacia el municipio costero de Campechuela. Limita al norte con la Finca “El Ranchón”, otrora finca del patriota Manuel de Jesús “Titá” Calvar Oduardo, quien fuera uno de los Presidentes de la República en Armas; por el sur con la Escondida; por el este con la Finca “Los Letreros” y al oeste con el mar.  El terreno es, de manera general, de forma regular con la excepción de una pendiente que tiene acceso hacia el mar.

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