Desaparición Física de Camilo Cienfuegos

Por: José Prado Lavallós

EL 28 de Octubre se cumplen 50 años de la desaparición física de Camilo Cienfuegos, uno de los más queridos Comandantes de la Revolución.

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Más de la mitad de los cubanos de hoy no habían nacido entonces o eran niños que todavía no podían comprender la magnitud de aquella irreparable pérdida y las emociones que provocó en el pueblo.

De aquel acontecimiento tengo inolvidables recuerdos y la reafirmación de un principio insoslayable para un periodista.

No existen las palabras que puedan describir con exactitud la tristeza del pueblo cuando se supo que había desaparecido el pequeño avión en que Camilo regresaba de Camagüey. Tampoco es posible que quien no lo vio, pueda imaginarse la alegría, la explosión de júbilo que se extendió por todo el país cuando una emisora de radio transmitió la noticia (que resultó ser falsa) de que el Señor de la Vanguardia había sido encontrado en un cayo cercano. El pueblo se lanzó a las calles y quedaron paralizadas las demás actividades.

Media hora después, al ser desmentida la noticia, un silencio sepulcral invadió a la nación y millones de cubanos lloraron, refugiados en sus casas, la pérdida de uno de sus más queridos hijos.

Daba yo entonces mis primeros pasos en la profesión periodística como redactor en la agencia de noticias Prensa Latina, y confirmé un principio que mis profesores me habían inculcado: “no se debe dar a la publicidad una noticia que no esté confirmada fehacientemente”.

Cuando se transmitió la noticia (falsa) de la aparición de Camilo, el Director de Prensa Latina, Jorge Ricardo Massetti, pidió a todos los allí presentes la opinión de si se transmitía o no para el exterior esa información. Era tanta la emoción que todos allí, menos dos (Gabriel Molina y yo) decidieron que sí se transmitiera, y así se hizo. Molina y yo opinábamos que debía esperarse una confirmación oficial.

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